Este año decidí participar en NaNoWriMo y logré superar el desafío. Para quienes no lo sepan, NaNoWriMo significa National Novel Writing Month. Se trata de una iniciativa internacional que reta a escribir 50 000 palabras de una novela durante el mes de noviembre. Un desafío para poner a prueba nuestra velocidad, resistencia y disciplina, un maratón animado por los demás autores participantes, con premios, patrocinadores, contadores de palabras, estadísticas para analizar el propio progreso. Es algo realmente divertido y motivador.

Lo había intentado en el año 2013, con un proyecto de trilogía, y no lo gané. Comencé tarde (en la segunda semana de noviembre). Para entonces trabajaba en Zúrich y organizaba una velada con el grupo literario al que pertenecía entonces. No tenía más que una vaga idea de la novela que iba a escribir. Gran parte del tiempo se me fue construyendo la historia, pero, una vez que esta comenzó a tomar forma, todo avanzó con bastante fluidez. Escribí a mano (mi método habitual con un primer borrador) y los últimos días del mes me puse a pasar a la computadora lo que había hecho. El 30 de noviembre me sorprendió pocas horas antes de la velada literaria, con una cuenta que apenas se acercaba a las 30 000 palabras, decepcionada, sin haber podido pasar en limpio todo lo que había escrito[1]. De todos modos, dudo que hubiera llegado al objetivo.

En el año 2014 estaba embarazada y tenía encargos de clientes. NaNoWriMo no pasó por mi cabeza. En 2015 tenía a un bebé de ocho meses, más encargos de clientes, un proyecto de revista para otra velada literaria del grupo y un curso que estaba haciendo… NaNoWriMo seguía fuera de consideración.

Lo que cambió este año

En primer lugar, me di cuenta de cuán poco tiempo le había dedicado a la escritura de material ficcional nuevo. Estaba con mi libro sobre las plataformas de publicación digital, sumergida en las obligaciones cotidianas, corrigiendo mi novela Huracán de historias (que es casi el bordado de Penélope) y de vez en cuando escribiendo escenas para mi trilogía. Había dejado el grupo literario y con mis ocupaciones actuales tenía más que suficiente.

Pero extrañaba sentarme a escribir. Quería volver a crear una historia, jugar con ella en mi cabeza, armarla, desarmarla, reírme con los personajes, preocuparme, enfadarme; sin pensar en fechas de publicación ni planes de marketing.

Cuando octubre estaba por culminar, los autores interesados se pusieron en sus marcas para NaNoWriMo (por ejemplo, David Olier) y los blogs de escritura dieron sus consejos para afrontar el desafío (como Ateneo Literario y Lecturonauta). Yo me veía tan ocupada que seguía inclinada a dejar pasar este año también, pero hubo algo que me decidió:

Swiss Wrimos en NaNoWriMo 2016

Los Swiss Wrimos en acción

Los Swiss Wrimos, el grupo regional de NaNoWriMo en Suiza, mi país de residencia. Me comenzaron a llegar los correos de Sabrina Haslimeier o Hayle, la coordinadora regional (o Municipal Liaison, como se designa a esta función en la terminología de NaNoWriMo). Su entusiasmo se me contagió y sus planes para este año me tentaron. Consideré viajar a Zúrich (lugar al que no iba desde hacía dos años, desde que dejé de trabajar allá) para la reunión inicial (o kick off). Aún mi lista de pendientes pesaba mucho y superé la tentación, pero el siguiente correo trataba de wor(l)d domination, héroes y villanos, guerras de palabras, un botín de libros… Entonces, me decidí: sí a NaNoWriMo y sí iría al primer write-in[2] en Zúrich.

Mi rutina de trabajo

No hubo rutina, en realidad, sino ratos robados a lo largo del mes entero. Madrugonazos, trasnochos, siestas de mi hijo, notas en la parada del autobús o en un café cuando hacía una pausa en mis diligencias. Hasta llegué a escribir mientras estaba en el gimnasio pedaleando sobre la bicicleta estática. A lo largo del día, le daba vueltas en la cabeza a las distintas líneas argumentales de mi novela.

Valentina escribiendo en el gimnasio

Sudando para alcanzar las 50 000 palabras a tiempo

Para alcanzar la meta de las 50 000 palabras en un mes, hay que escribir un promedio de 1667 por día. Si sabía lo que iba a escribir, me tardaba una hora en alcanzar esta cantidad. Si tenía que investigar o ponerme a pensar en el argumento, podía tardarme dos o más. Algún que otro día no pude escribir nada, muchos logré el promedio de palabras, otros quedé por debajo y tuve unos cuantos de gran productividad (en los que superé las 2300 palabras).

Al igual que en 2013, comencé tarde. No solo no arranqué el 1 de noviembre, sino que dediqué el primer día de trabajo a decidir qué escribir. ¿Continuaría con mi trilogía (quizás con el objetivo de terminar la primera parte), iniciaría una nueva novela o me convertiría en una Nano Rebel (que usa la oportunidad para crear otra cosa)?

Resolví desarrollar un proyecto de novela que armé en el año 2014. Me motivaba más que continuar la trilogía, porque pensé que podría terminar esa novela antes y sería ideal compartirla por entregas en mi blog. Había escrito el plan argumental y un par de pasajes. En general, sabía lo que iba a suceder, pero no tenía las escenas concretas en la cabeza.

Mi nuevo proyecto

Se trata de una novela interactiva, que explora el peso de las grandes decisiones de la vida. Una chica que acaba de culminar sus estudios de Periodismo está en un dilema entre dos ofertas de trabajo: uno como reportera en un canal de televisión en Zúrich y otro como redactora en un periódico local en Visp. Al elegir, ella sopesa las opiniones familiares, los pros y contras objetivos, sus propios miedos y sus deseos. Entonces, al lector se le abre la posibilidad de tomar la decisión. A partir de allí, la protagonista se enfrentará a diversas disyuntivas. Si opta por el empleo en Zúrich, deberá decidirse entre compartir piso o alquilar un apartamento sola. Si comparte piso, se verá en una situación donde una de las compañeras le ofrecerá “algo”. ¿Lo aceptará o lo rechazará? Y por ahí vamos…

Las 50 000 palabras me permitieron escribir siete líneas argumentales de principio a fin. A esa novela aún le falta mucho trabajo y probablemente no esté lista el año que viene. Además, implica investigaciones que casi no pude hacer por la falta de tiempo y, por eso, me concentré en las tramas que no requerían tanta investigación.

Los eventos regionales

Estoy convencida de que la clave de mi éxito en este NaNoWriMo fueron los eventos (o write-in) en Suiza. Asistí a uno en Berna, pero los principales tuvieron lugar en Zúrich todos los sábados del mes. Fue increíblemente motivador hallar una comunidad unida por ese desafío.

Zúrich queda a una hora en tren desde Berna. Yo vivo en las afueras, así que para llegar a la estación central necesito cerca de media hora en autobús. No tengo abono general de transporte. Esto significa que la asistencia a los eventos no me salía barata y me tomaba bastante tiempo. Pero seguí la recomendación de Derek Murphy, el diseñador de mis portadas, que este año no hizo nada menos que alquilar un castillo en Francia para el NaNoWriMo. Él sugería hacer algo grande que nos permitiera enfocarnos en el objetivo.

Los eventos se realizaron en un espacio perteneciente a una empresa de desarrollo web. Contaba con grandes mesas, acceso gratuito a Internet, extensiones y enchufes para las laptops, un techo con luces que cambiaban de colores.

Una vez allá, participé en guerras de palabras. Estas consistían en períodos de 10 minutos (a veces de 15 o de 5) donde nos concentrábamos en escribir. Luego, se sacaba en sorteo el criterio para el premio según número de palabras (la mayor cantidad, la menor, el más cercano a 300, 350 o 400) y otro según el contenido (beso, comida, veneno, aparición de un nuevo personaje, etc.).

Dos de los eventos siguieron el modelo de box of doom: cada participante tenía que extraer de una urna un palito plano. Este indicaba el número de palabras mínimo que debíamos escribir en la siguiente guerra de 10 minutos. Si no lo lográbamos, debíamos llevar un sombrero ridículo hasta que nos pusiéramos en órbita.

Cada participante era asignado por sorteo a un equipo (héroes o villanos). Había premios por ganar la guerra de palabras, premios de consolación por equipo, premios para los ganadores. Llegué a ser la villana del día (la persona más productiva en su cuenta de palabras).

Yo era la única del grupo escribiendo en español. La mayoría lo hacía en inglés (la lengua de las reuniones). Además de suizos, había personas provenientes de Alemania, Canadá, Brasil, Bélgica, EE. UU. y Gran Bretaña.

Me pareció fascinante conocer a un grupo de escritores tan comprometidos con sus proyectos. Aunque, por supuesto, conversamos, tomamos merienda y nos servimos bebidas una y otra vez, el punto realmente era escribir. Creo que nunca antes había estado en una sala con tanta gente escribiendo al mismo tiempo.

El último día

Amaneció el día 30. Mi hijo se había sentido mal en la noche, lloró mucho, casi no durmió siesta. No me pude sentar a trabajar en la novela antes de las 10 pm. En vez de crear material nuevo, me concentré en pasar en limpio lo escrito a mano en dos cuadernos diferentes y ampliar algunas escenas. Estaba sobre la raya, pero era posible lograrlo. Había leído que el contador de palabras de NaNoWriMo podía ser distinto al de Word, así que escribí más de 50 000 para quedar por el lado seguro.

A las 11:45 pm me dirigí a la página de NaNoWriMo para actualizar la cuenta de palabras y validar la novela. La página estaba lentísima. No cargaba ni para iniciar sesión. Allí comencé a asustarme. ¿Sería posible que perdiera el desafío por culpa de Internet? ¿Después de tanto esfuerzo?

Por fin, la página reaccionó. Con gran lentitud logré actualizar el número de palabras. Luego, apareció el campo para la validación, que es bastante estrecho. Copié el texto entero de la novela y lo pegué. No pasó nada. Intenté otra vez. Después de unos segundos tensos, vi aparecer las frases finales e hice clic en el botón de validar. Ya estaba muy cerca de la hora en que el carruaje se convertiría en calabaza y los caballos en ratones. Entonces, se abrió la pantalla de felicitación. Respiré aliviada. Al revisar mis estadísticas, noté que se había registrado una cuenta de más de 100 000 palabras. ¡La novela se había pegado dos veces! Casi me sentí como si hubiera hecho trampa. El correo oficial que me anuncia como ganadora tiene como hora las 11:59 p. m. Increíble.

NaNoWriMo winner

Un minuto antes de la medianoche apareció esta pantalla. ¡Uff!

Conclusión

Terminé agotada, enferma, con tareas pendientes que me esperaban como perros hambrientos. No pude asistir a la fiesta TGIO (Thank God It‘s Over). Pero quedé contenta por el gran avance en mi novela. Me di cuenta de lo revitalizante que es para mí dedicar tiempo a escribir mis historias. En ese sentido, NaNoWriMo fue una experiencia muy positiva.

¿Alguno de ustedes participó este año también? Cuenten qué tal les fue en los comentarios.

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[1] NaNoWriMo propone un método para quienes escriben a mano: hacer que alguien cuente nuestras palabras, usar un generador de texto aleatorio para la cantidad que hemos escrito y luego validar la novela. No quise hacerlo así porque la cuenta manual me parece muy engorrosa y para mí es importante ese primer trabajo de reescritura y reflexión que realizo cuando paso a la computadora lo que tengo en el cuaderno.

[2] El write-in es una reunión para escribir y para encontrarse con otros autores que participan en el NaNoWriMo.