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7 mitos que los escritores suelen creerse cuando les va mal

Mientras unos pocos disfrutan del Olimpo, muchos escritores emprenden odiseas para publicar y realizan tareas hercúleas para vender
Mientras unos pocos disfrutan del Olimpo, muchos escritores emprenden odiseas para publicar y realizan tareas hercúleas para vender

Los escritores tendemos a propagar varios mitos de los que queremos convencernos para no asumir lo que estamos haciendo mal. En otras palabras, nos buscamos una excusa o un factor externo, fuera de nuestro control, para justificar el hecho de que nuestro libro no se esté vendiendo o no hayamos conseguido el soñado contrato con una editorial. De este modo, quedamos “aliviados” porque nos sentimos liberados de responsabilidad. Al mismo tiempo, sabemos que hay otros autores a quienes les pasa lo mismo y con quienes rezamos la letanía de quejas, en la que destacan estos siete mitos:

1. La gente no lee

Esto lo oigo desde que tengo memoria. Otras variantes: los jóvenes no leen, el grupo tal (entiéndase, el público objetivo de nuestro libro) no lee, la televisión / el cine / los videojuegos / Internet hacen que la gente ya no lea. Lo curioso de esta queja es que suele pronunciarse ante personas que sí leen. Me recuerda a una vez en que la directora del colegio pasó por el salón un día entre un feriado y un fin de semana. Gran parte del alumnado había faltado y ella nos echó un discurso sobre la irresponsabilidad de tomarse vacaciones un día que el colegio no había declarado libre… Pero lo dirigió al público equivocado porque nosotros sí estábamos allí. Los que faltaron ese día llegaron de lo más contentos al siguiente lunes, después de disfrutar de su puente, y ni siquiera se enteraron de que la directora estaba disgustada.

Volviendo a lo que nos ocupa, el mito mencionado niega la realidad de la gran cantidad de personas que sí lee, convierte a los oyentes de la queja en depositarios de una crítica injustificada, crea falsos antagonistas y hace que uno no se preocupe en buscar el verdadero contacto con los lectores (porque, literalmente, no existen).

2. La gente solo lee basura

Este mito pervive en los autores de ficción literaria, de textos académicos y de investigaciones muy documentadas que no se hubieran podido hacer sin una gran preparación de base y años de trabajo invertidos en el libro, el cual, a la hora de la verdad, carece de la difusión merecida y deseada. Dichos escritores advierten que otros libros, de autores que parecen producir en masa, no tienen una finalidad estética ni están especializados en la disciplina sobre la que escriben, se venden como pan caliente. Esta situación se da igualmente entre periodistas culturales, quienes ven que sus artículos reflexionados, con horas de lectura a cuestas, son ignorados ante un párrafo mal escrito sobre el último chisme de Hollywood, que no es más que un refrito de alguna revista gringa.

No vamos a negar la realidad de que hay textos y temas mucho más populares que otros. Pero el punto es que sí existe el público para la ficción literaria, el periodismo cultural, las investigaciones serias y los libros académicos. Haría falta abrirse a esos lectores y facilitarles el acceso a esos libros, ignorados con frecuencia en los medios comerciales.

3. Mi género no está de moda / Mi género está saturado

Entre los géneros saturados, con un exceso de publicaciones, suelen mencionarse los siguientes: fantasía, thriller, romántica, autoayuda. Los que “no están de moda” o se consideran menos comerciales: poesía, teatro, terror, ciencia ficción, novela gráfica. Este mito se mueve en un círculo vicioso: quienes escriben lo que supuestamente está de moda se quejan de que no venden o no consiguen oportunidades porque los autores superventas del género les han quitado terreno. Ya hay demasiados magos, vampiros, conspiraciones internacionales, amores apasionados, métodos para tener éxito y volverse millonario en cinco minutos. Por otra parte, supuestamente nadie quiere leer poesía, una obra de teatro o algo de cualquier tema que no esté en boga, debido a lo cual las editoriales no apuestan por esos libros y, si llegan a publicarse, no se venden. A veces, he oído que los escritores califican al mismo género de saturado o pasado de moda; por ejemplo, el histórico, erótico y juvenil.

Para todo hay gustos y todos los géneros tienen sus adeptos. Amazon lo pone fácil para lectores y escritores, ya que su catálogo distingue entre muchas categorías y subcategorías, y permite agrupar los libros de nichos restringidos en listas no muy pobladas donde puedan destacar. Mientras tanto, los géneros de mucha producción cuentan con montones de fans (fácilmente ubicables en foros y grupos de Facebook), clubs de lectura y blogs especializados que anuncian y reseñan novedades.

4. No logro publicar / vender gracias a la crisis

Esto se escucha mucho entre quienes viven en España o buscan ser publicados por editoriales españolas (aunque en Latinoamérica también se dice que los problemas económicos o políticos hacen que la lectura quede en el último nivel de prioridad, con todas las consecuencias asociadas). Muchos autores que han buscado editorial o agente en los últimos años han recibido una valoración positiva de su obra, acompañada de un rechazo gracias a la crisis o la situación económica que le impide a la edtorial publicar todo lo que quisiera. Aunque esto nos consuela momentáneamente, el punto es que sí hay gente que está siendo publicada y sí hay gente que está vendiendo. Algunos preferirán guardar sus manuscritos hasta que la crisis pase y la bonanza llegue (cuestión sine díe), pero quienes estén cansados de esperar tendrán que plantearse otras alternativas. Lo mismo se aplica para quienes han publicado con una editorial y ven que el libro no se está vendiendo.

5. Apenas consiga agente o editorial, mi carrera literaria despegará

Por supuesto, tales escritores tienen en mente una gran editorial o uno de los agentes cuyos representados son publicados por las grandes editoriales. Yo misma creí en este mito por mucho tiempo, pero la experiencia ajena me convenció de lo contrario. Tengo amistades que han publicado sus primeros libros en editoriales de prestigio y no han tenido suerte con los siguientes manuscritos, que han sido representados por agentes y estos no les han conseguido contratos editoriales. Está el caso de Montse de Paz (cuyo blog sigo desde hace tiempo), a quien, después de haber publicado tres novelas (dos de ellas con Espasa), le han rescindido el contrato de representación porque no era “rentable” para su agencia. En pocas palabras, tener agente o editorial no es garantía de éxito; por eso, sugiero en otro de mis artículos aprovechar la buena racha mientras dure.

mosaico

6. Si me autopublico, estoy “quemado” para las editoriales

Este mito suele surgir de situaciones como esta: el escritor tiene uno o más manuscritos, los ha pulido hasta la saciedad, los ha enviado a montones de agentes y editoriales, cada vez ha mejorado sus sinopsis y cartas de presentación… sin éxito. Sabe que ha llegado a una encrucijada, se está tomando en serio lo de la crisis, el género saturado o poco comercial, no consigue al agente o la editorial que hará que su carrera despegue y comienza a ver que la autopublicación es la única puerta que no ha tocado. Entonces, piensa: “Si me autopublico, estoy quemado para las editoriales y yo quiero ser publicado por una editorial; mejor no hago nada”.

Varios casos han demostrado que autopublicarse (sobre todo digitalmente) no cierra la puerta de la publicación tradicional. Apartando los míticos ejemplos de Amanda Hocking y John Locke, que vendieron más de un millón de eBooks autopublicados en Amazon antes de firmar contratos jugosos con grandes editoriales, tenemos a los autores que fueron fichados por Ediciones B, después de tener éxito por su cuenta: Blanca Miosi, Armando Rodera, Fernando Trujillo, César García Muñoz y Bruno Nievas. La publicación de El hombre de Grafeneck, de Félix Jaime Cortés por Ediciones Tagus (sello perteneciente al Grupo Planeta) y La saga de los longevos, de Eva García Sáenz por La esfera de los libros se dio en circunstancias similares, y estos no son los únicos escritores hispanohablantes que han dado el salto en este sentido. Más bien está despuntando una tendencia a que el autor demuestre en la arena electrónica que su libro tiene potencial de ventas, antes de ser considerado por las editoriales.

7. Casi nadie está leyendo libros electrónicos

libro deteriorado
Estoy segura de que usted no quiere tocar (ni mucho menos oler) a este quinceañero deteriorado

Más de una vez he oído que el libro electrónico es “la revolución que no llega”, que ninguna historia de calentamiento global, deforestación, deterioro de la celulosa, costes económicos, ahorro de espacio, facilidad de distribución y precios bajos hará que el libro electrónico destrone al de papel. Hay quienes dicen que nada supera ese olor, esa textura del libro tradicional; otros aducen que les cansa leer en una pantalla, aunque nunca han probado hacerlo con un lector de tinta electrónica o una tableta con brillo y contraste variables.

La realidad es que Amazon vende cada vez más dispositivos Kindle y hay muchos lectores electrónicos en el mercado, como el Tagus de Casa del Libro y el Nook de Barnes & Noble, además de las aplicaciones de lectura en iPads y otras tabletas. Más impresionante aún es el volumen de ventas diario de los autores que figuran en los puestos más altos de las listas de Amazon. De acuerdo con el libro de David Gaughran, Let’s Get Visible, quienes se mantienen en los primeros puestos de Amazon.com están vendiendo más de mil descargas por día, información que yo ya había leído en otras fuentes. Probablemente, estas cifras sean más bajas en las tiendas europeas de Amazon, pero demuestran que sí hay una gran demanda de libros electrónicos.

 

Los escritores suelen creerse estos mitos cuando la adversidad ataca porque es duro aceptar que no les vaya bien o no estén alcanzando sus objetivos, sobre todo si se han esforzado mucho y han tomado decisiones dificiles en el camino. Sin embargo, convencernos de que estos siete mitos son realidad nos impide actuar al respecto (¿qué puedo hacer yo, simple rara avis, si “la gente” no lee?, por ejemplo) y nos hace caer en un ciclo de autoconmiseración del que no va a salir nada positivo. Antes de comenzar con la letanía, pongámonos a pensar qué hacer para solucionar el problema de publicación o venta que nos atormenta y para encontrar a las personas que sí van a leer y valorar lo que escribimos.

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14 comentarios

  1. Muy interesante lo que dices, Valentina, y muy cierto. Me he sentido totalmente identificada al leer el punto 4, pues eso era lo que siempre decía (de hecho era lo único que decía) mi agente literaria: «las cosas están fatal», «no se vende nada», «las editoriales no arriesgan con autores noveles», etc. El caso es que sí, las cosas están mal en España, pero hay autores noveles publicando y hay muchas editoriales que publican autores noveles, sobre todo las nuevas pequeñas editoriales. Personalmente, busqué otro agente.

    La diferencia entre un autor novel y un agente literario es que el autor busca que lo publiquen, mientras que el agente busca sacar el máximo provecho de esa publicación. Por eso ocurren cosas como lo sucedido a Montse de Paz y que relatas en el punto 5.

    Por si alguien no lo sabe, las editoriales suelen pagar una miseria al autor por la publicación de su obra, y de esa miseria habrá que descontar los impuestos y la comisión del agente literario, que suele rondar el 15 o 16%. Sólo si la novela es un best-seller, el autor podrá recuperar su inversión de tiempo en la escritura de la novela (unos tres años de media, durante los que no percibe remuneración alguna) mediante los derechos de autor. Si las ventas no le acompañan, se quedará con unos 700 euros. 700 euros por un trabajo de tres años. ¿Es o no es vocacional la escritura?

    Se supone que el agente tiene que leer la obra, hacer un trabajo previo de edición (aspecto CLAVE si se trata de un autor novel) y cuando el manuscrito esté trabajado y listo, ofrecerlo a las editoriales más adecuadas, con las que normalmente tiene contacto directo. El agente NO COBRA por hacer todo esto, sólo cobrará si la obra se publica.

    Entiendo que el agente dedica un tiempo al autor y su obra que sólo rentabilizará en caso de encontrar editor para la obra del autor, y que sólo recuperará esa inversión de tiempo si la obra se vende bien, porque con la miseria que pagan por una primera novela, desde luego quedarse con un 15 o 16% no es en absoluto rentable.

    ¡Ah! Olvidaba decir que los tan cacareados «derechos de autor», esos que la gente esgrime para robar el trabajo de los escritores, sólo se cobran a partir de una determinada cifra de ventas. Si no se alcanza esa cifra, no se cobran. Y los únicos que se hacen millonarios con los derechos de autor son los escritores superventas, que se pueden contar, en cada país, con los dedos de las manos. Y oye, si son superventas y generan millones de lectores contentos que se traducen en editoriales exitosas y agentes literarios con la cuenta corriente saneada, pues es justo que el escritor también se haga millonario. Porque escribir es un trabajo, y quien lo dude, que intente escribir una novela de 300 páginas.

    Volviendo al tema del agente literario, lo que suele suceder es que si tras la edición del manuscrito y la búsqueda de editorial el agente no consigue la publicación dentro de un período de tiempo razonable (unos tres meses), deja de insistir y esa novela queda en un limbo a la espera de que el autor escriba otra novela, porque si la segunda se vende, ayudará a vender la primera. Si la segunda tampoco se vende, irá también al limbo a la espera de una tercera. Y así ad infinitum… o hasta que el agente diga que, como no es rentable, deja de trabajar con el autor. El agente no va a invertir más tiempo del necesario en un autor que no vende, porque el tiempo es dinero. (Al parecer el único tiempo que no es dinero es el tiempo del autor).

    Sin escritores no hay agentes, ni editoriales, ni Amazon. Sin escritores no hay libros. Si eres escritor, persevera. Si eres escritor, escribe. Se dice que Gabriel García Márquez tenía diez novelas escritas y guardadas en un cajón cuando consiguió publicar por primera vez. Su primera novela publicada era, en realidad, su decimoprimera novela.

    No sé si la historia de García Márquez es cierta, pero lo que si sé es que desde el principio, desde la primera novela, ya era escritor. Por la simple razón de que escribía.

    Gracias por conducirme a esta reflexión, Valentina.

    1. Hola, Juana. Gracias a ti por tu reflexión y por las informaciones que compartes en tu comentario.
      Parece mentira que, si el agente únicamente percibe su ganancia cuando el escritor vende, no se preocupe más en proporcionarle esas oportunidades. Si el agente ha decidido representar a un escritor, se supone que vio potencial en su obra.
      Mientras releía la información sobre los autores autopublicados que fueron fichados por editoriales, me inquietó de pronto pensar cuánto trabajo y cuánta responsabilidad le ha caído al escritor. Invertir uno o más años en la creación de un manuscrito ya no es suficiente. ¿Ahora hay que asumir la tarea de editor, diseñador y publicista también, para que una editorial se fije en un autor desconocido? Cada una de estas tareas tiene una curva de aprendizaje. Quien no las quiera desempeñar por sí mismo tendrá que pagar por una maquetación, una corrección, una cubierta, una página web… Estamos hablando de una inversión inmensa, sin garantía de éxito. Por su parte, las editoriales que apuestan por los bestsellers de Amazon están asumiendo un riesgo mínimo. ¿Y quien no quiera un rol de bloguero ni vendedor, ni le interese armar una «audiencia» en las redes sociales ya no tendrá oportunidad?
      A decir verdad, hay que pensárselo antes de emprender una carrera literaria. La vocación es lo único que nos sostiene en este camino tan difícil.

    1. Te lo agradezco, Mariasther, y me alegra que el artículo te haya sido útil. Es importante tener claridad en cuanto a lo que somos y lo que queremos. La duda paraliza y nos hace tomar malas decisiones si caemos ante presiones de terceros. Saludos.

  2. El problema es que el agente (en realidad la agencia literaria, que suele estar formada por varios agentes) lleva varios autores y suele dedicar más tiempo a los que són más rentables… por la simple razón de que trabaja para pagar sus facturas. La cultura y las bellas artes, por desgracia, hace años que entraron también en el capitalismo devora-todo.

    Tienes razón en que el escritor que quiera auto-publicarse tiene que dedicar más tiempo a preparar su original para la edición digital y a promocionarse que a escribir. Y que las editoriales se están aprovechando de ello porque ya les dan el trabajo hecho. Si lo piensas bien, es un negocio redondo puesto que no asumen ningún riesgo: editan a un autor que ya viene con la campaña de promoción hecha y las ventas aseguradas.

    Me atrevo a afirmar que el futuro de la edición ya es el presente y para publicar literatura, de ahora en adelante, sólo habrá estas vías:

    1. Ser un best-seller digital y con el éxito ya asegurado esperar a que llame a tu puerta una editorial que te publique en papel (si llega).
    2. Hacer una literatura de tal calidad o tan singular que «merezca» ser impresa directamente.
    3. Hacer libros de artista en los cuales no importe sólo el contenido, sino también el soporte.

    No creo que el libro impreso vaya a desaparecer, ni mucho menos, sino que se buscará lo que «merece» ser impreso, ya sea por calidad o por aceptación. Y no me parece tan terrible, sinceramente.

    Del mismo modo que la mayoría de las películas van directamente al circuito de DVD y sólo unas pocas llegan a la gran pantalla, en mi humilde opinión la mayoría de libros serán digitales y sólo algunos se imprimirán.

    1. Hola, Juana.
      Como están las cosas, las tres vías que predices para la edición de libros en papel son bastante probables. La vía 1 ya se está dando. De la 2 y la 3 depende que sigan existiendo editoriales que apuesten por publicar calidad literaria y libros artísticos, aunque no sean los más rentables o tengan menos lectores potenciales que los superventas digitales. Esperemos que el capitalismo no se devore esa clase de publicaciones también o, al menos, que surja una alternativa que no usurpe su espacio.
      De todos modos, considero que los libros de ficción literaria podrían tener más presencia como eBooks y precios más accesibles en formato digital. Eso le quitaría terreno a la piratería de las obras de autores consagrados y permitiría que las de los autores menos conocidos tuvieran una mayor difusión.

    1. Muchas gracias. Me alegra saber que mi artículo ha formado parte de tus buenos momentos de lectura y espero que los próximos también te gusten. Hasta pronto.

  3. Hola, Valentina. Creo que la mayoría de tus puntos se pueden resumir en creer que el mundo es más pequeño de lo que es y que por ello las oportunidades escasean. Una mentalidad de carestía (en oposición a una de abundancia), que es común no sólo a los artistas en períodos bajos, sino a todo emprendedor.

    En verdad, el mayor reto para un escritor que lucha es mantener la mentalidad de abundancia, aún con todos los fracasos. Como algunos dicen, todo empieza con uno.

    Saludos.

    1. Hola, Felipe. Gracias por tu reflexión. Tienes razón: las dificultades y los reveses de la vida pueden llevarnos a pensar que no hay puertas abiertas para nosotros y no es así. Si uno se rinde antes de empezar, la lucha está perdida. Esto me recuerda a la entrevista que le hice a Lidia Herbada, quien decía que la mayor barrera estaba en uno mismo. Saludos.

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