“Nuestras voces: narrativas, retos y conexiones”: encuentro literario en Lausana

Los maestros quedaron lejos, las musas no existen. Para publicar, debemos tocar puertas foráneas u optar por las vías independientes. Sin embargo, quienes escribimos en español desde Suiza no estamos solos. Desde que me integré al mundo cultural hispano en este país, he visto una práctica activa, grupos que se mantienen desde hace años y personas de diferentes generaciones que escriben con regularidad y se reúnen en torno a intereses artísticos comunes. 

Uno de esos grupos es AEYAEL, la Asociación de Ecuatorianos y Amigos del Ecuador en Lausanne. En 2001, esta asociación fue creada con el fin de ayudar a los ecuatorianos a establecerse e integrarse en el cantón de Vaud. Con el cambio de las necesidades de la comunidad inmigrante, AEYAEL amplió sus objetivos para desarrollar la promoción cultural y los vínculos de amistad y solidaridad con otras nacionalidades.

“Nuestras voces: narrativas, retos y conexiones” fue el título del evento organizado por AEYAEL el pasado 9 de marzo, en el marco del Día de la Mujer. Seis escritoras sudamericanas nos dimos cita en Lausana para leer nuestros propios textos y contar nuestras historias. De Berna y sus alrededores fuimos Nancy Wiesmann-Baquero, Jannet Weeber Brunal, Viviana Zepeda y yo. Betsy Stirnimann llegó de Lucerna y conocimos a mi compatriota Lorysmar Franco, radicada en la Suiza francófona. 

El encuentro tuvo lugar en un salón de la Avenue Villamont 13. Su espacio generoso nos permitió vender nuestros propios libros, disfrutar de especialidades ecuatorianas y escuchar a un dúo folclórico. La generosidad se extendió al tiempo, abundante en la lectura y en la narración de cada autora.

Un público de diversas procedencias nos escuchó ese domingo. Al ver que la sala se llenaba de menores de edad, debí censurarme a mí misma y descartar mi extracto de Vinum sapiens (mi único cuento de tema suizo, femenino y migratorio) para leer microrrelatos de El mito de la segunda parte.

Al contar cómo llegamos a Suiza y a la escritura, me sorprendió la diversidad del proceso creativo y de las experiencias de mis compañeras de oficio. Hablaron de estudios en el extranjero, residencias en distintos países, cambios de rumbos profesionales y, en medio de todo, el interés literario mantenido de una u otra forma. 

Las conexiones se notaron en las creaciones propias: el duelo y la pérdida en la poesía de Lorysmar y Jannet, el choque cultural y social con los relatos de Viviana y Nancy, la observación crítica en un marco jocoso dentro de la novela de Betsy y mis cuentos. 

Se charló sobre nuestros desafíos como mujeres. La vida inspira la literatura a la vez que atenta contra ella: la maternidad, el aprendizaje de lenguas, la adaptación a una nueva cultura, los tanteos hasta encontrar el lugar propio constituyen un manantial de historias e imágenes y, a la vez, nos quitan la energía y el tiempo necesario para destilar toda esa experiencia y volcarla en la creación literaria. Mencioné que las actividades que en teoría sirven a la promoción literaria (las actualizaciones en redes sociales, el email marketing, los blogs y contenidos periódicos afines) pueden afectar la escritura, desvirtuar el propósito del arte y convencernos de que los seguidores y los “me gusta” son más importantes que la verdadera conexión con los sentimientos universales lograda por medio de la palabra. 

En este sentido, se planteó la pregunta de hasta qué punto la voz personal está unida a la lengua materna. ¿Se puede llegar a un dominio y una identificación tales con otra lengua como para escribir en ella? La historia de la literatura da un sí como respuesta. Casos como el de Vladimir Nabokov e Isak Dinesen no son en lo absoluto excepcionales. Nancy y Jannet comentaron sus propias exploraciones en alemán y en inglés. En lo personal, no puedo imaginar mi voz literaria sin mi español venezolano.

Durante la discusión, dije que nuestra esencia no se pierde al emigrar. La escritura ha sido para mí un ancla. Esa actividad íntima me ha acompañado desde que tengo memoria. Sigue reconciliándome con el mundo. Forma parte de mi identidad. Por eso, me ha ayudado tanto convertirla en un hábito. El diario, los cinco minutos obligatorios al final de un día pesado, o la jornada matutina de inmersión en mis novelas iluminan mis días y me hacen sentir viva.

La migración puede ser una gran oportunidad desde la perspectiva literaria, si estamos dispuestos a abrirnos a ella. Podemos llegar adonde nunca hubiéramos llegado de habernos quedado en nuestros lugares de origen. Perdemos unos espacios y ganamos otros. Esa fue la fascinación que experimenté hace más de una década con la publicación digital. Este mismo blog fue el que me ayudó a conectarme con los autores residentes en Suiza. 

Nos despedimos de AEYAEL y de Lausana con deseos de volver. Tenemos la ventaja de vivir en un país pequeño, con distancias cortas y una eficiente red de trenes. Mientras tanto, los libros y la impresión de los textos escuchados perduran como testimonio de la conexión de quienes escribimos en español desde Suiza.

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2 respuestas

  1. Buenas tardes, gracias por compartir las semblanzas de este encuentro,
    siempre es muy grato, oxigenante y alentador recibir estos testimonios de
    vida por medio de las letras que nos unen y que nos re-encuentran con
    nuestras raíces. Es todo un proceso alquímico crecer en comunidad sin
    desarraigarnos de nuestra esencia.

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