Rostros, de Manuel Girón Manuel Girón (Guatemala, 1954) es un escritor residente en Sankt Gallen [1] desde 1990. Inició su trayectoria como narrador en su país natal y actualmente está dedicado al arte. Se ha hecho merecedor de diferentes reconocimientos por sus trabajos literarios y artísticos, como el de la ciudad de Sankt Gallen (2001) y el primer premio del concurso del Ateneo Popular Español en Zúrich (1999). Desde que vive en Suiza ha dado a conocer sus obras en ediciones bilingües (español-alemán), entre las cuales se cuentan Ratos robados (2000), Viento fresco (2006) y Nos volveremos a ver en primavera (2010).

Rostros / Gesichter, aparecido originalmente en 1995, fue su primer libro bilingüe. En su segunda edición (2003) está conformado por “ocho historias escritas en forma de prosa poética que originalmente fueron publicadas en el diario guatemalteco La Hora” (página de derechos) [2] y luego formaron parte del libro Imágenes (1994). Cada una de las historias está ilustrada con un dibujo del autor que traspasa la frontera de la página, en una suerte de unidad que permite a ambas lenguas tomarse de la mano.

Todos los relatos llevan como título el nombre de un personaje, conformado por un nombre de pila “convencional” y un apellido relacionado con sus actividades o el ambiente donde vive. Los dibujos de Manuel Girón (quien además se desempeña como fotógrafo y pintor representan a esos personajes que titulan las historias.

Dibujo de Manuel GirónCon un imaginario evocador de los Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias y una visión del pueblo desolado y sufrido similar a la de El llano en llamas, de Juan Rulfo, Manuel Girón despliega un estilo que se mueve en la frontera entre prosa y poesía, salpicado de metáforas místicas y telúricas, que se explaya al hablar de la memoria ancestral y nos deja percibir su sarcasmo al apropiarse por momentos del discurso de los otros, de quienes se aprovechan de los sueños de los protagonistas y los destruyen.

Las doce de la noche habían pasado ya al olvido, y la bandeja de aguardiente aristocrático seguía llevando alegría a los patriotas made in USA (p. 36).

Los rostros retratados por Manuel Girón sueñan con la paz, la vida tranquila, la satisfacción de las necesidades básicas. Carecen de grandes ambiciones. Sin embargo, estos sueños son destruidos por intereses mezquinos. Cada uno de los ocho textos nos muestra una parte de un camino que se abre o se cierra, una escena en un momento decisivo en el enfrentamiento con los destructores de sueños. El relato que inicia el libro, Rigoberta Justicia (que recibió el premio República Argentina en Hamburgo en 1999) traza un recorrido a partir de la violencia en busca de la paz, del sufrimiento a la esperanza, de las heridas a la curación. Desde ese inicio se da la clave, representada en la figura de la guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz (1992), quien aparece acompañada de su nahual, su espíritu protector, destacado en los pares de versos colados a lo largo del relato, puesto que allí se encuentra la clave del camino correcto: el encuentro consigo mismo por medio del origen ancestral y primigenio para recuperar la alegría, la libertad, la vida.

Los rostros corresponden a personajes con distintas maneras de enfrentarse a los destructores de sueños: Rigoberta que denuncia la injusticia, Pedro Salvadodelpecado que se deja arrastrar por un grupo de fanáticos religiosos, Cayetano Mojarra que se va a trabajar de ilegal a los Estados Unidos para terminar explotado, Inocencio Matón que al asesinar a otros se está destruyendo a sí mismo, Carlota Abecedario que lucha por la educación en su trabajo de maestra en medio de un ambiente de lo menos propicio para aprender, Marcos y Josefa Cuchumatanes que se protegen en la soledad de las montañas donde eventualmente son alcanzados por la violencia, Jazmín Kundalini quien entrega con su cuerpo la fórmula para acceder a la energía sagrada y despertar la conciencia histórica.

Por momentos, los personajes están atrapados en una cierta circularidad: el círculo de la violencia, de la resignación, de los sueños y esperanzas que no se cumplen. Después de ese inicio con Rigoberta Justicia, no deja de inquietar el elegido como relato final: Juan Machete. Después de que su pueblo, tras soportar las penurias en silencio, con la esperanza de un mundo mejor, fuera saqueado por unos “extraños viajeros” que se aprovecharon de su hospitalidad, Juan Machete se decide por la venganza. El hecho de que Juan Machete lleve ese apellido desde el principio, aunque solo saque el machete al final, hace intuir una lucha anterior al relato, un abrirse camino con el machete para luego descubrir que había que volverlo a sacar para abrirse otro camino.

Ahora, cuando las lunas se sobreponen unas a otras y el Dios Solar besa la tierra de los mil verdes, Juan Machete y compañeros galopan en busca de venganza (p. 84).

En este sentido, interpreto el relato final como una advertencia, de cómo las buenas intenciones de paz y de concordia de estas víctimas se pueden morir ante la violencia. La lucha por levantar cabeza es tan dura y se destruye de un modo tan fácil que termina aniquilando también los ideales de esos rostros.

Este libro, lo único que he leído de Manuel Girón hasta los momentos, me hace pensar que es una parte de su producción más ligada a Guatemala, su país natal; pero al mismo tiempo estar en Suiza nos da una visión desde afuera que no tenemos en nuestros países. El hecho de que Manuel Girón haya reunido estos relatos y los haya presentado de modo bilingüe (ya en tres ediciones) me hace intuir que la lejanía ha reforzado esa visión. Interesante será ver de qué modo estos últimos veinte años en Suiza han impregnado su obra. Aparte de su labor creativa, Manuel Girón participa activamente para incentivar la difusión de la literatura como directivo de la Casa Latinoamericana de Sankt Gallen. Definitivamente, es un escritor latinoamericano del que hay que quedar pendiente en Suiza.

Manuel Girón (2003): Rostros / Gesichter. [St. Gallen]: Alas. Segunda edición. Prólogo de Tomás Stefanovics. Traducción al alemán de Angelika Schwarz, Sophie Keller Girón y Anita Blöchlicher Moritzi. 86 páginas.

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[1] Debo confesar mi vacilación ante el nombre de esta ciudad (y por consiguiente del cantón homónimo). En medios de comunicación hispanos en Suiza he visto cuatro variantes de este topónimo: San Galo (lo cual sería la traducción del nombre del santo), San Gall (a medio camino entre el nombre francés y el español), San Gallen (el que usa el Centro Latinoamericano Suizo de la Universidad de San[kt] Gallen) y el nombre en alemán (el que empleo sin demasiado convencimiento). La recomendación actual de la Academia en cuanto a los topónimos consiste en emplear la forma tradicional en español si está arraigada en el uso (véase la Ortografía de la lengua española de 2010, p. 645). Sin embargo, reconoce la tendencia actual a mantener las formas originales.

[2] Las citas y las fotos están tomadas de la edición mencionada al final de esta entrada. Una tercera edición de este libro, con dos relatos adicionales, apareció en 2009. Lamentablemente, no tuve acceso a la última edición, que hubiera preferido para mi comentario.