A veces, leemos manuales para escritores porque estamos procrastinando; otras, porque forman parte del programa de algún curso. Por lo general, nuestro interés consiste en prepararnos para una determinada etapa (la escritura, la corrección, la publicación, el marketing), ya que queremos alcanzar nuestras metas y tener éxito. De vez en cuando, andamos tan desorientados que necesitamos una sacudida. Para esto último se presta Escribir bien: o cómo fracasar mejor en el arte de la escritura, de Isaac Belmar.

Portada de "Escribir bien", de Isaac BelmarEste libro, lanzado hace un par de semanas, va más allá de las técnicas narrativas, de la construcción de personajes, de aspectos ortográficos y gramaticales, aun más allá de la publicación y las ventas. Tiene que ver con el sentido de lo que estamos haciendo cuando decidimos ser escritores.

Isaac Belmar es conocido por su polémico blog, donde reflexiona sobre el quehacer escriturario y desmenuza mitos, ilusiones y demás fantasías que nos inflan el ego cuando creamos historias. Su novela Perdimos la luz de los viejos días, accésit del III Premio Oscar Wilde de Novela Corta, fue una de mis lecturas favoritas del año pasado. Por eso, cuando me enteré de que Isaac había lanzado un libro sobre escribir bien, no dudé ni un segundo antes de descargarlo (estaba gratis en Amazon, además).

Las preguntas que nos atormentan como autores

Quien asuma este deporte de alto riesgo que es la escritura probablemente se haya formulado (más de una vez) alguna de estas preguntas:

  1. ¿Debo escribir todos los días?
  2. ¿Escribo sobre lo que me gusta o sobre los temas que el público quiere leer?
  3. ¿Vale la pena el sacrificio si el éxito es incierto?
  4. ¿Tengo talento para escribir?
  5. ¿Hacen falta los cursos de escritura y los lectores cero?
  6. ¿Cómo logro escribir bien?
  7. ¿Por qué me resulta tan difícil?

A todas ellas Isaac Belmar proporciona una respuesta. Si no estás satisfecho con lo que haces, si te desespera que los agentes y las editoriales no te tomen en cuenta, si te has deprimido porque tu último libro vendió mucho menos de lo que esperabas, si sueñas con ganar el Nobel y el Planeta, y además pasar a la historia de la literatura, tienes que leer Escribir bien.

¿Eso quiere decir que te convertirás en un superventas amado por la crítica y tus libros serán incluidos en los programas escolares de Literatura? No. Isaac Belmar no te promete nada de eso, pero te ofrece algo muy valioso: la posibilidad de reflexionar sobre estas cuestiones, de abandonar objetivos fuera de tu control y de sobrepasar tus propios límites.

¿Es seguir tu pasión el peor consejo para escribir?

Aquí pasamos al punto donde Belmar me ha dado mucho que pensar y es porque no me convence del todo la opinión de su fuente: So Good They Can’t Ignore You, de Cal Newport. Este libro, que releí después de terminar Escribir bien, pretende desentrañar el consejo de “sigue tu pasión” que proclaman tantos textos de autoayuda y manuales sobre orientación vocacional. Newport, citando la teoría de la autodeterminación, considera que la satisfacción laboral no se basa en seguir tu pasión, sino en el cumplimiento de tres necesidades: autonomía (sentirse en control), competencia (sentirse eficaz) y relación (sentirse conectado con otros). Nótese el énfasis en la percepción del individuo.

Portada "So Good They Can’t Ignore You", de Cal NewportLa vocación de escritor con frecuencia se inscribe en la búsqueda de propósito en la vida y por ende en la orientación profesional. Entonces, a quienes tengan pensado dejar su empleo (o restarle horas a su carga laboral) para dedicarse a escribir les recomiendo tanto el libro de Newport como el de Belmar.

Newport presenta historias de personas que siguieron su pasión y fracasaron, como un hombre que se retiró a un monasterio budista y una mujer que abandonó un empleo en publicidad para hacer un curso de instructores de yoga y abrir su propio instituto. Ninguno de los dos casos me demostró que seguir la propia pasión fuera un mal consejo. En el primero, el hombre se sintió insatisfecho, dejó el monasterio, asumió un empleo bancario con otra actitud y fue ascendido a mejores cargos. ¿Acaso no lo habrá ayudado el bagaje filosófico adquirido con el zen y las religiones orientales? En el segundo caso, el punto decisivo fue arriesgarlo todo y lanzarse a abrir un negocio con mucho optimismo y poca experiencia, no la pasión per se.

El libro de Newport aboga por adoptar una mentalidad de artesano (enfocarte en lo que puedes ofrecerle al mundo) y abandonar la de la pasión (enfocarte en lo que el mundo puede ofrecerte a ti). Las características que definen un gran trabajo son la creatividad, el impacto y el control. Para la creatividad, hay que expandir los límites establecidos; para lo segundo, necesitas sentir que influyes positivamente en mucha gente y el control implica que estás a cargo del tiempo, lugar y método de tu labor. Sin embargo, lograr un trabajo con estas características requiere que dispongamos de habilidades raras y valiosas, las cuales solo se adquieren por medio de la práctica deliberada.

Aquí aterrizo en un aspecto que me gusta mucho de los libros de Cal Newport e Isaac Belmar. La gran carrera (literaria o de otro tipo) a la que aspiramos no va a hacerse realidad sin trabajo duro, sin conocer el medio en que nos vamos a mover, sin desarrollar las habilidades necesarias (en el caso que nos ocupa, escribir bien).

Entonces, “sigue tu pasión” es el peor consejo para escribir si lo haces a ciegas, creyendo que te las sabes todas, dando grandes saltos de fe y esperando que las musas te tomen en brazos y te lleven a la gloria literaria.

Por otra parte, no puedo imaginar una gran dedicación a la escritura sin pasión desde un principio (“interesarte” no basta). De lo contrario, ¿de dónde vas a sacar el empuje para realizar una actividad a diario, para afrontar las dificultades, para soportar los rechazos? Si no disfrutas del proceso de desarrollo del arte, ¿obtendrás satisfacción después? Seguir una pasión implica que tarde o temprano esta será puesta a prueba y puede que se desvanezca. Y eso está bien porque pertenece a un camino de descubrimiento y aprendizaje.

La motivación para escribir

Ahora bien, el hecho de que nos interese la escritura como arte (en vez de un medio de captar clientes para nuestros servicios, consolidarnos como expertos en nuestra área, o tantear el último método de ingresos pasivos manipulando el algoritmo de Amazon) implica que nos estamos metiendo en un camino duro, sin garantías, y hay que asumir esta realidad.

Escribir bien ataca la ingenuidad de quienes creen que se pueden saltar lo difícil. El error consiste en buscar atajos y fórmulas mágicas para cumplir un objetivo fuera de nuestro control. Belmar lo dice muy claro (las negritas están en el original):

Si quieres escribir bien, vas a tener que sacrificar incontables horas en leer y escribir por las fronteras, idealmente en forjar una rutina que se acabe convirtiendo en un hábito. Sin hábito no vas a llegar muy lejos en el camino…

Los sacrificios para lograr esa habilidad rara y valiosa que es escribir bien no implican desbaratar nuestra vida ni nuestras finanzas. No hace falta que nos subamos a una mesa y gritemos en nuestro lugar de trabajo que lo dejamos todo para dedicarnos a escribir, como plantea Isaac Belmar, porque entonces podemos comernos los ahorros, morirnos de hambre y, de todos modos, no escribir más que antes porque no disponemos de suficiente energía o no nos concentramos. Este sería un caso equivalente al de la instructora de yoga en So Good They Can’t Ignore You.

Si hay sacrificio, dificultad y la espada de Damocles del fracaso, ¿qué nos motivará a emprender semejante camino?

A mi juicio, la revelación más importante de Escribir bien tiene que ver con la motivación para escribir, que sería de carácter intrínseco: hacerlo lo mejor posible, perfeccionar nuestro arte, retarnos a nosotros mismos, amar nuestra actividad. Lo cierto es que nuestra motivación suele aferrarse a una recompensa externa, que asociamos con nuestro valor como escritores: ganar un premio, firmar un contrato con una gran editorial, dominar las listas de bestsellers.

¿Por qué nos empeñamos en buscar objetivos fuera de nuestro control? ¿Quizás para echarle la culpa a la crisis, a la gente que no lee y al mercado cuando no nos vaya bien? ¿Buscamos validación? ¿Queremos que nos aplaudan? El asunto no es bajar el nivel de expectativas (“no importa que no me publiquen Planeta ni Alfaguara; con no tener que pagar me conformo”), sino reorientarlas hacia lo que podemos controlar: la escritura, la lectura y las horas dedicadas a contactar con editoriales y enviar manuscritos. Esto implica un cambio de mentalidad que necesariamente influirá en nuestra carrera literaria.

El camino que no se acaba

Como afirma Isaac Belmar, “escribir bien es un camino que no se acaba”. Si hemos decidido ser escritores nunca dejaremos de aprender ni de extender nuestros límites. Esto significa que estaremos cambiando, que no nos quedaremos con las mismas fórmulas. Aunque algunos de nuestros lectores nos abandonen, ganaremos otros y, en general, mejoraremos.

Por eso, es crucial que la práctica deliberada de la escritura sea inteligente y contribuya a desarrollar nuestro paladar literario. En este arte, es muy fácil perderse, perder el tiempo y perder la cordura. Gabriella Campbell, cuyo manual 70 trucos para sacarle brillo a tu novela fue citado y recomendado por Belmar, ha creado un material idóneo al respecto: Cómo aprovechar tus 10000 horas de escritura.

Con su estilo cercano e irónico, y su tono escéptico, Isaac Belmar inicia un terremoto que puede tumbar (o al menos resquebrajar) el coloso de nuestras fantasías. A pesar de / Gracias a ello, Escribir bien está lleno de buenas noticias. No tenemos que dejar nuestro sustento seguro, ni vender nuestra alma al demonio del mercado, ni desanimarnos cuando nos cueste crear una obra de calidad. Si nos empeñamos en ser cada vez mejores escritores y tenemos un buen sistema para avanzar en este camino, las victorias nos saldrán al paso.