Lecciones aprendidas después de dos años de escritura diaria

Imagen Escritura diaria

Llevo 832 días de escritura diaria, sin fallar ni una sola vez. Ya he contado cómo comencé con esta práctica, gracias al cuaderno 100 días de escritura, de Gabriella Campbell. Ese reto lo he superado ocho veces consecutivas y me ha permitido escribir una novela completa de 350 páginas (culminada en el día 746).

Por mucho que hable de la importancia de los hábitos y de que la práctica diaria convierte la escritura en algo tan automático como lavarse los dientes, lo cierto es que he estado unas cuantas veces a punto de fallar. Al terminar el manuscrito, deseé darme una pausa, pero continué e inicié el proceso de corrección. Hace un mes, volvía a casa en un tren a las once de la noche, casi durmiéndome, después de una jornada agotadora que se había iniciado de madrugada. Me pregunté si ya era hora de parar el reto. Y, sin embargo, saqué el cuaderno y me puse a escribir.

No pretendo hacer alarde de mi perseverancia ni vender el método de la escritura diaria. Lo más importante estriba en que llevé a cabo un proyecto literario que me acompañó y encantó durante dos años de mi vida. Además, este fue un camino de descubrimiento.

¿Qué descubrí de mí misma?

  1. La escritura forma parte de mi esencia. Cuando escribo, me siento viva, me siento yo. Es mi actividad preferida desde la niñez. Está ligada a mi identidad.
  2. Al adquirir el hábito diario, forma parte de mi cotidianidad también. Mi sesión promedio es de una hora matutina.
  3. Tengo que escribir a mi propio ritmo. Obligarme a escribir rápido era añadir estrés a mi vida, producir textos de menor calidad y pagar luego con intereses durante la fase de corrección. Probé varios métodos para aumentar la cantidad de palabras por sesión de escritura. Ninguno fue más beneficioso que mi modo habitual de narrar.
  4. Soy autora de ficción. Plataformas de publicación digital fue un libro que emprendí con ánimo en su momento, motivada por el interés de ayudar a autores independientes que deseaban distribuir su obra por medios electrónicos; pero ya no me veo en ese tipo de escritura. Me apasiona crear historias, no manuales ni libros para escritores.
  5. Por razones laborales y familiares, mi tiempo para escribir se ha reducido mucho. Esto me obliga a concentrarme en lo importante. Lo que escriba debe ser relevante, entendido como aquello que me salga del alma, no lo que me predicen que va a vender ni lo que otros esperan de mí. La vida está llena de obligaciones. ¿Para qué convertir el producto de mi actividad preferida en otra más? Comencé a escribir por gusto y seguí haciéndolo por pasión. ¿Por qué voy a sofocar el principal motor de todo este oficio? 
  6. En consonancia con lo anterior: si no escribo lo que está en mi corazón, no vale la pena escribir. No lo hago para crear embudos de venta, ni para complacer a otros, ni porque tal tema o género esté de moda.
  7. Sé perfectamente cuánto puedo tardarme en una novela. Tengo un proceso entero documentado día tras día. Sé lo que falló, mis mejores horas y condiciones para escribir, las amenazas, mi propia forma de acelerarlo cuando hace falta. Para un nuevo proyecto narrativo, puedo establecer plazos realistas. 
  8. No todo lo que escribo es publicable. Por eso, no acabo de entender cómo se siguen promoviendo métodos del tipo: escribir X palabras por día para terminar una novela de Y palabras en Z días. ¿Dónde están la corrección y la planificación en este proceso? ¿Acaso corregir es solo pulir detalles estilísticos o detectar erratas? ¿Nadie descubre a posteriori que tal personaje es prescindible, que determinadas escenas son muy extensas o que otras se quedaron cortas, que una línea argumental necesita más desarrollo? ¿Y quienes proponen esos métodos construyen las tramas de sus novelas en apenas un par de días? 
  9. Todo lo que borro, mantengo guardado o saco de la versión definitiva de un manuscrito no es tiempo perdido: formó parte de mi búsqueda literaria, de mi toma de decisiones, de lo que comencé a ver cuando la estructura iba tomando cuerpo y no podía ver cuando las palabras estaban en mi mente (en vez de estar plasmadas en la pantalla o el papel).
Cuadernos de escritura
Todos los cuadernos que he llenado desde que escribo a diario

A pesar de estar escribiendo a diario desde hace más de dos años y de todo lo positivo que he señalado sobre esta actividad, no deseo vivir de escribir. Muchos autores tenemos habilidades e intereses que se desarrollan mejor en profesiones fuera de la escritura. Recuerdo una entrada del blog de Cris Mandarica (ya desaparecido) en el que ella decía que le gustaba su trabajo en una oficina realizando tareas administrativas y, si de escribir dependiera su sustento, dejaría de disfrutarlo.

Hace un par de décadas, yo creía en el mito de que había que tener una profesión relacionada con la lengua y la literatura para ser tomado en serio como escritor de ficción. Y eso es totalmente falso. No hay que ser profesor de literatura o de escritura creativa, ni pasar una jornada de ocho horas tecleando, ni estar vinculado con el mundo editorial. Es liberador saber que escribir no te impide ser nada de lo que quieras, porque, si te gusta, siempre encontrarás tiempo para ello.

Con respecto a mi concepto de éxito literario y mi propósito como autora, no cambié de mentalidad; volví a la que tenía antes. Me quise forzar por un camino que muchos proclamaban como “correcto” para escritores profesionales. Lo asumí con curiosidad y entusiasmo al principio; con escepticismo y resistencia, después.  

Como dice Stephen R. Covey, si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada paso que demos nos llevará más rápido al sitio equivocado. Mi creciente insatisfacción y vacío en cada peldaño lo demostraba. En cierto momento, el “deber ser” me saturó de modo que casi me hizo abandonar la escritura por completo y lanzar por la borda mis proyectos personales. Gracias al hábito diario regresé a mis raíces, seguí al pie del cañón y llegué hasta el final de una nueva novela. En otras palabras, el método de los cien días me ayudó a hacer lo que yo de verdad quería.

Ahora, las aguas del río han vuelto a su cauce original. El paisaje es natural, sostenible y, sobre todo, más bello. Por eso, he vuelto por aquí a publicar esta entrada, mientras contemplo por el balcón los árboles que se deshacen de hojas y un mirlo que salta.

Escribir a diario te permitirá saber si te apasiona. Si no, lo dejarás antes de los cien días. Y está bien. A veces, debemos renunciar a ciertas actividades para abrirles paso a otras que son más importantes para nosotros.

¿Escribes todos los días, prefieres los maratones o apartas períodos fijos para dedicarte a tus libros en proceso? Cuéntamelo en los comentarios.

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2 respuestas

  1. Le doy la razón. Comparto los motivos y las expectativas. Para mí escribir es una pasión. Inventó mundos, historias, y soy completamente feliz cuando lo hago. No necesito planificar, soy incapaz de dejar de hacerlo.
    Un Saludo

    1. Hola, David. Gracias por hacerme saber que estamos en la misma página. Cuando la escritura misma nos trae felicidad, andamos por buen camino y tenemos lo más importante para enfrentar los desafíos. Saludos.

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