partitura del preludio de las Bachianas brasileiras 4

La partitura que se ve en el video «Bachianas» y en el book trailer

Después de haber resuelto el problema de la música que se escucharía en mi novela Fantasía y fuga, la aventura de producir un libro electrónico enriquecido continuaba con los videos. Estos marcarían los silencios de la narración y compensarían la ausencia de algunas piezas emblemáticas, como las Bachianas brasileiras n.º 4 y n.º 5, de Heitor Villa-Lobos.

En Fantasía y fuga, se reproducen seis videos, en orden de aparición: “Teatro”, “Bachianas”, “Escritura”, “Venda”, “Bastidores” y “Aeropuerto”. Desde el principio, decidí que todos serían videos mudos, en una toma y alrededor de un minuto de duración. Se grabaron con el iPad y, dada nuestra carencia de equipos profesionales y conocimientos técnicos de filmación, consideré que debíamos aprovechar (de modo artístico) las características de nuestra cámara: la opción de cambiar el foco a distintos puntos, la ausencia de zoom y el movimiento natural (porque no íbamos a usar trípode ni dejar la cámara estática).

El primer video que llevamos a cabo mi marido y yo fue “Bachianas”. Lo filmamos una tarde en casa de mis suegros, usamos la partitura de las Bachianas brasileiras n.º 4 y fue el video cuyo concepto y forma de realización tuve más claros desde el inicio, y en el que pudimos controlar mejor todos los elementos.

Aprovechamos unas vacaciones en Gran Canaria durante el verano de 2012 para sacar otros dos videos: “Aeropuerto” y “Escritura”. El primero no fue difícil de realizar, aunque por supuesto quisimos hacerlo con la mayor discreción posible. Ante la paranoia de seguridad en los aeropuertos no sabíamos hasta qué punto no llamaría la atención que dos personas estuvieran filmando videos raros. Intentamos en distintas zonas, con mucha gente, con poca gente, sin gente; caminando rápido, caminando lento, haciendo que la cámara avanzara a mi paso. Posteriormente filmamos una versión de invierno para efectos del book trailer, que siempre me hace reír cuando la veo.

En las dunas de Maspalomas, durante nuestros vanos intentos de sacar un buen video

En las dunas de Maspalomas, durante nuestros vanos intentos de sacar un buen video

Para el video “Escritura” soñaba con una puesta de sol en las dunas de Maspalomas, aunque la playa representa la de Gran Caimán (no sé si los lectores del libro lo habrán notado). Nos fuimos a pasar la tarde por el faro de Maspalomas y calculamos mal el tiempo de caminata hasta las dunas. Parte de la puesta de sol nos acompañó mientras  andábamos con esfuerzo por encima de un montón de piedritas y caracolitos. Por fin llegamos a las dunas, donde la luz dorada creaba un efecto bellísimo sobre la arena tan fina, pero era incomodísimo escribir allí. No sabía cómo colocarme: en la arena con las piernas cruzadas tipo El escriba sentado, con las piernas flexionadas hacia delante como el San Jerónimo leyendo atribuido a Ribera, recostada de lado emulando a Lolita en la película de Stanley Kubrick.

Escribí la primera línea de texto (la que se ve completa cuando comienza el video) mientras filmábamos las pruebas, que realmente nos decepcionaron. No se podía dar la vuelta alrededor de quien escribía sin que se viera la sombra de quien sostenía el iPad, el viento me despeinaba, la arena me ensuciaba la libreta. Gasté un montón de hojas con esa primera línea. Mi esposo y yo terminamos el ocaso mirando hacia el mar, sin saber qué hacer.

Al día siguiente lo logramos. No fuimos a las dunas, sino que nos quedamos en la playa de Maspalomas. Acudimos puntuales a la puesta de sol. Buscamos una zona sin demasiados mirones, donde uno de los hoteles nos ofrecía sombra, por lo cual no hubo problemas con la luz. Por supuesto, la arena estaba más sucia y menos bonita que en las dunas. Borramos huellas de calzado e hicimos desaparecer colillas y piedras.

Antes de eso, habíamos analizado mejor la puesta en escena: con reloj o sin reloj, con anillo o sin anillo, escribiendo en la parte blanca de la libreta o en la hoja milimetrada, bolígrafo claro u oscuro, la misma ropa del video del aeropuerto u otra que visualmente armonizara con la arena y el papel. Ensayé distintas maneras de sentarme, hasta que resolví escribir de cuclillas, con la libreta sobre el regazo. Algunas tomas que no se usaron en la novela nos sirvieron para armar el teaser y el book trailer.

Curiosamente, fue mucho más fácil filmar el video “Bastidores”. Mi idea consistía en apuntarme a una visita guiada de un teatro y llevarme el iPad, pero no hizo falta porque conseguí en Berna un evento que combinaba lectura literaria y música de violín, y tenía lugar justo sobre el escenario. Las sillas para el público estaban sobre las tablas, nos rodeaba el telón bajado y podíamos ver todo el interior del escenario: las luces, los distintos entretelones, los controles, la pared. La lectura no me gustó nada, pero el concepto fue originalísimo, conté con bastante tiempo para filmar lo que quise y casi todas mis tomas eran utilizables.

El siguiente video del que nos ocupamos fue el de la venda. Las primeras pruebas se realizaron con una media de nylon y un balde de agua. Quería ver cómo caía la venda en el agua y de qué modo la íbamos a filmar. Manejé por mucho tiempo la idea de que se viera algo desde el interior del agua. Poco antes se habían llevado a cabo los Juegos Olímpicos de Londres y me encantaban las fotos de las competencias de natación. Técnicamente el concepto nos deparaba dificultades: nadie nos iba a permitir lanzar una venda en un acuario, yo no iba a adquirir una cámara adicional para filmar bajo el agua (en una piscina, por ejemplo), a través del balde no se veía nada aunque era medio transparente, hasta usé un recipiente que podía parecer una pecera… nada servía. Por supuesto, llegué a considerar la opción de no filmar ese video, pero insistí hasta que logré resolver el problema.

Si no se podía ver el agua desde adentro ni a través de un vidrio, no quedaba más que lanzar la venda desde arriba en un lugar donde el agua luciera turbia. Una opción fue el río Aare, pero en la playa de Eichholz, donde el agua estaba más tranquila, había muchas piedras y muy poca profundidad. De resto, la corriente del Aare es muy fuerte y se hubiera llevado mi venda en un segundo. Al fin, encontramos un parque con un estanque y allí filmamos el video definitivo. No quería una venda gruesa que pareciera la de una momia reviviendo, pero la primera que empleamos era muy delgada y a través de la cámara parecía una cinta de cabello. Compramos otra e igual el proceso se nos hizo difícil. Nos costó bastante enrollar y desenrollar la venda alrededor del iPad, y luego lanzarla hacia el sitio exacto del estanque, pero después de varios intentos logramos nuestro cometido.

El último video y el más complicado en cuanto a la localización fue el del teatro. Necesitaba filmarlo en un lugar donde fuera a darse un concierto de piano. No importaba la presencia o no de una orquesta, pero tenía que haber piano y de cola, preferiblemente negro o caoba. Por unos meses perseguí la agenda cultural en Berna, Zúrich y otras ciudades cercanas. Asistí a varios conciertos (no siempre clásicos), pero se realizaban en salones que no acertaban con el ambiente, aunque algunos sí pertenecían a teatros. Encima, para cada evento me presentaba al menos con media hora de antelación, con el fin de estudiar el espacio. Más de una vez conseguí la sala en cuestión cerrada, ya que la abrían pocos minutos antes de la hora de inicio.

En cierto momento, comencé a desesperarme. Ya había anunciado el lanzamiento de Fantasía y fuga para el 15 de diciembre, estaba comenzando noviembre y el video del teatro aún faltaba. Tenía anotadas un par de opciones prometedoras en Berna y Zúrich, y en eso me cayó una fuerte gripe. Preferí acudir al primer concierto aunque me sentía bastante mal y teníamos tiempo de invierno en la calle. De verdad todo salió perfecto y me encantó lo que encontré en ese teatro: el piano mirando hacia la pared, dejando claro que no se iba a usar; el reflejo de la puerta que se abre, los demás instrumentos preparados para la acción. Mejor era casi imposible. El teatro no se parece al Ouro Verde de Londrina, pero no hacía falta que fuera así. Se presentaba un concierto de Saint-Saëns y me tuve que salir hacia la mitad porque me cayó un ataque de tos que no pude detener ni con agua ni con tabletas. Sin embargo, ya tenía mi video ideal y eso era lo importante.

Toma video "Teatro"

Una de las tomas para el video «Teatro», el primero de la novela

Aunque el proceso de producción de los videos implicó ir de un lado a otro, hacer muchas pruebas y bajar las expectativas de calidad (no se puede comparar lo filmado con un iPad con una cámara profesional), fue muy emocionante trabajar con ese tipo de material. Tenía muchísimo que hacer en ese entonces, no solo en relación al libro; pero la publicación de Fantasía y fuga me llenaba de una energía y un entusiasmo inagotables. No sabía entonces que estaba por enfrentarme al verdadero desafío: los programas informáticos para editar un libro electrónico enriquecido y su contenido multimedia.