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Las herramientas para escritores que deberías probar en 2020 (II)

Herramientas para escritores 2

En la entrada anterior, mencioné distintas herramientas para escritores que pueden facilitar nuestro trabajo creativo, ya que nos permiten pasar nuestras palabras a la pantalla, tomar notas, organizar nuestras actividades y afianzar el hábito de escritura.

Pasemos a la siguiente fase: hemos logrado terminar nuestro manuscrito. ¿Qué usamos para corregirlo, dónde encontramos respuesta a nuestras dudas sobre la lengua, cómo garantizar que no se pierda lo que hemos creado y en qué soporte realizaremos nuestra última revisión?

Presento aquí mi selección de herramientas para escritores, probada y comprobada para asegurarme de su actualidad. Te invito a tomarlas en cuenta para aumentar tu eficiencia este año.

Herramientas de corrección

Digna de probar

Stilus se presenta como “el asistente más eficaz para corrección en español”. Es capaz de detectar fallos de ortografía contextual, gramática, tipografía y estilo. Ofrece distintas variedades de corrección: la interactiva (que va revisando y deteniéndose en cada error dentro de un texto dado para solucionar los problemas sobre la marcha), Stilus para Word (complemento que funciona como el corrector nativo del software), un macro para Word (que corrige automáticamente errores independientes del contexto), un informe de revisión y un plugin para WordPress.

El informe de revisión no permite la corrección directa, sino que advierte de la presencia o posibilidad de errores. Por su parte, el complemento para Word (solo disponible en Windows) funciona igual que el corrector interactivo del sitio web y requiere una conexión a Internet.

Stilus toma en cuenta la Ortografía de la lengua española de 2010 y otras referencias bibliográficas actualizadas, que menciona en cada caso. Reconoce en gran medida nombres propios y extranjerismos, para los cuales sugiere equivalentes en español.

Para aprovechar al máximo esta herramienta, existen dos suscripciones anuales: Stilus Gold (200 000 palabras al mes por 29,95 euros) y Stilus Platinum (un millón de palabras al mes por 59,95). La versión gratuita o modo demo permite revisar hasta 5000 palabras al mes, con el registro por correo electrónico.

Alternativa gratis

Lorca Editor es un corrector gramatical, ortográfico y de estilo. Después de registrarse por correo electrónico, el usuario puede pegar un texto en línea para su análisis automático. Dependiendo del tipo de error, hay un distinto subrayado. Lorca Editor puede reconocer el contexto y palabras que en otros correctores no serían detectadas como error; por ejemplo, las que llevan tilde diacrítica o las que tienen función de verbo o adjetivo (“continúa” vs. “continua”). Advierte de repeticiones de palabras y sugiere eliminar frases en voz pasiva y adverbios terminados en -mente. Los textos analizados se guardan en la nube y hay un modo nocturno del editor.

A diferencia de la corrección interactiva de Stilus (que va saltando de uno a otro término), Lorca resalta todos los fallos de una vez. Una barra lateral permite acceder a cada uno, junto con las sugerencias correspondientes, y corregir.

Su forma de distinguir contexto no siempre acierta. En uno de mis textos de prueba, Lorca Editor advierte de la repetición de la palabra “como” y menciona “almorzar”, “engullir” y “tragar” entre sus sinónimos, pero “como” se había empleado como conjunción.

La conocida

La mayoría de los procesadores de texto cuenta con un corrector automático. En MS Word este se activa dentro de la pestaña Revisar > Revisar documento. Dicho corrector, al igual que el de Stilus, se va deteniendo en términos dudosos o con errores ortográficos, sugiere cambios y da la opción de ignorar o añadir al diccionario.

La segunda forma de corrección dentro del programa es la de revisar la ortografía y la gramática mientras se escribe, así como analizar las palabras que se confunden con frecuencia. Entonces, aparece un subrayado de un color determinado. Hacer clic sobre él permite corregir el término u oración.

Como comentario al respecto, remito al primero de los 70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores, de Gabriella Campbell: los peligros de este corrector son acostumbrarse tanto a él que ya no miramos lo que está subrayando (aunque sí haya detectado errores) o hacerle demasiado caso y asumir que el texto está perfecto después de la revisión.

No digital

La corrección clásica de un manuscrito consiste en imprimirlo, tomar un bolígrafo o rotulador y marcar lo que se debe corregir. Este método está estandarizado para efectos editoriales.

Una alternativa consiste en entregarle el texto a un corrector, quien detectará más errores que el autor, aunque, por supuesto, dicho paso se puede realizar con documentos digitales. Esta entrada de Simplemente MJ muestra el método de cinco profesionales aplicado a la primera página de una novela.

Mi favorita

Ninguna. Al marcar palabras que no son errores, dar sugerencias que no se corresponden con la regla ortográfica y obligar a ignorar todo o agregar un sinfín de palabras al diccionario, las herramientas de corrección me han hecho perder mucho tiempo.

Por años utilicé el método no digital para corregir. Actualmente, leo mis documentos con lentitud, a veces en voz alta, y con un zoom de al menos 150 %. Palabras y frases con errores de tecleado son cambiadas durante esa lectura, porque no solo importa lo ortotipográfico, sino también el sentido completo y dar con las palabras exactas para expresar mis ideas. Cuando tengo dudas, prefiero enfocarme en las herramientas de consulta lingüística.

¿Hay que probar más?

Para efectos de esta entrada, realicé pruebas con textos propios y de otros autores. Uno de los que tomé fue el que Gabriella Campbell pone como muestra en su libro 70 trucos:

Aquél dragoncito rojo es de lo más adorable. ¿Qué tan bien es un pequeño monstruo y devora ganado! ¡Té lo dije! Haber lo que dice tu hermana la pastorcilla al respecto.

De este texto, el corrector de Word para Office 365 detecta un error (la tilde de la primera palabra); Stilus, dos; Lorca Editor, cuatro, de los cuales dos no son errores (los diminutivos) y no subrayó el error de la primera palabra. A ninguno le pareció problemática la redacción de la segunda oración.

La experiencia de otros escritores

Aunque muchos piensan que los grandes escritores no necesitan ser corregidos, la corrección ha sido una parte esencial del proceso de publicación de un libro. El agente literario Guillermo Schavelzon menciona en este artículo que editor y escritor solían reunirse a trabajar sobre un manuscrito. Al perderse este carácter presencial gracias al uso de las herramientas digitales, lo que antes era un intercambio creativo puede derivar en malentendidos y conflictos.

Cuando Gabriel García Márquez le pasó a la mecanógrafa Esperanza “Pera” Araiza el primer borrador completo de Cien años de soledad, este constaba de dos mil cuartillas y tenía numerosas correcciones en tinta negra y otras en tinta roja. En un nuevo proceso de corrección, el manuscrito quedó en los 590 folios que se enviaron por correo postal a la editorial Sudamericana de Buenos Aires.

Más puntilloso es el caso de Oscar Wilde, quien afirmó haber pasado una mañana entera para quitar una coma y toda la tarde para colocarla de nuevo. He aquí la historia de esta cita.

Herramientas de consulta lingüística

Digna de probar

Enclave RAE es una plataforma de recursos en línea de la Real Academia Española. Permite la consulta del Diccionario de la lengua española (DLE), además de otros cinco diccionarios académicos. Muy interesante es el acceso al banco de datos de consultas lingüísticas y la posibilidad de realizar una consulta directa. La oferta se completa con un manual de gramática, la “ficha de la palabra” (con información sobre la evolución de cada entrada del diccionario), un corpus del español desde la Edad Media, materiales didácticos para la enseñanza de la lengua y el diccionario avanzado (con varios filtros de búsqueda).

Dentro de su llamado taller lingüístico, hay un verificador para detectar errores de escritura. Se puede revisar en línea un texto de máximo mil palabras o adjuntar un archivo[1]. Asimismo, hay un conjugador y un buscador de palabras afines.

La plataforma funciona con el modelo de suscripción anual, que cuesta 30 euros al año. Tiene siete días de prueba, pero es necesario registrarse y dar los datos de pago. Hay que estar pendiente de cancelar la suscripción si no se desea mantenerla una vez concluido dicho período.

Alternativa gratis

DLE es la aplicación oficial para iOS y Android de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Se enfoca en la consulta de la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española, por medio de una conexión a Internet.

Existe una versión de pago de esta misma aplicación (DEL descargable) para la consulta offline, por unos 10 euros. Incluye una lista de favoritos y el historial de consultas.

La conocida

La página web de la Real Academia Española permite consultar de la última edición del DLE, el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), el de americanismos y el del español jurídico.

Fundéu tiene claros artículos sobre temas que generan dudas. Tanto a la RAE como a Fundéu se les puede realizar preguntas concretas y responden rápido.

No digital

La Ortografía de la lengua española (2010) es imprescindible. La tercera edición de Ortografía y ortotipografía del español actual, de José Martínez de Sousa, ofrece información muy útil para quienes estén publicando sus propios libros. Recomiendo el Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco (2011), en vez del DPD porque este no incorpora los cambios de la Ortografía de 2010.

Mi favorita

Mientras escribo, tengo a mano los tres libros señalados en el apartado anterior. Entre mis favoritos del navegador está la página web de la RAE.

Cuando vivía en Venezuela, mi obra de cabecera era el Diccionario de uso del español, de María Moliner. Consulté tanto sus dos pesados tomos que se rasgaron las sobrecubiertas y se les desprendió el encuadernado. Adquirí la versión en CD-ROM de la segunda edición, que también usé hasta que la Ortografía de 2010 la desactualizó. Me dio problemas de carga en más de un ordenador y ahora lo tengo en mi biblioteca de CD desusados.

Para no probar tanto

El complemento de Stilus para Word da la opción de buscar en el DLE y en el DPD un término del documento que se esté trabajando. Con ello, ahorra tiempo de consulta.

Con la suscripción a Enclave RAE se dispone del verificador, que es una herramienta de corrección.

La experiencia de otros escritores

Antes de su lanzamiento en diciembre de 2010, la Ortografía de la lengua española causó un revuelo en la prensa y la opinión popular por tres cambios principales: la eliminación de la tilde diacrítica en solo y los demostrativos, la supresión de la tilde en diptongos ortográficos que se pronunciaban como hiato (guion, crie, hui) y las propuestas de españolización de extranjerismos.

Fue curioso que escritores miembros de la Academia, como Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, se pronunciaran en contra de los cambios, sin hablar de autores de diccionarios y manuales de ortografía como Martínez de Sousa y Manuel Seco. Hasta llegaron a publicarse libros con la advertencia de que el autor prefería seguir usando la tilde diacrítica, como El lectoespectador, de Vicente Luis Mora (Seix Barral, 2012).

Herramientas de almacenamiento y respaldo de archivos

Digna de probar

Backblaze es una herramienta de respaldo y almacenamiento en la nube para Mac o Windows. Se puede probar por 15 días. Su precio (6 $ al mes) es bajo para lo que ofrece, pero el plan protege un solo ordenador. Su ventaja es el hecho de que copia todo el contenido del disco (nada de perder tiempo seleccionando carpetas y archivos), tiene espacio ilimitado de almacenamiento y permite la restauración en caso de que ocurra alguna pérdida dentro del equipo. Después de la primera copia de seguridad, trabaja en segundo plano y va capturando y respaldando todo el contenido nuevo y actualizado. No sincroniza entre dispositivos y en esto radica su principal diferencia con las siguientes herramientas mencionadas en esta sección. Backblaze es ese seguro al que se acude en caso de emergencia, no tanto un transportador de archivos o una herramienta colaborativa.

Alternativa freemium

MEGA, un proveedor de almacenamiento en la nube, ofrece 50 GB de espacio gratuito y, con ello, supera a las demás soluciones similares mencionadas en este artículo. Sin embargo, 35 GB expiran después de un mes. MEGA da a elegir entre distintos planes de pago a partir de 4,99 € y 400 GB (también una buena relación calidad-precio). La compañía está basada en Nueva Zelanda y, por ende, no está sujeta a las leyes estadounidenses que limitan la privacidad de los contenidos almacenados. En general, tiene un mayor foco en seguridad gracias a su sistema de cifrado, pero hay menos opciones de integración con otras herramientas.

La conocida

Dropbox es la aplicación con la que muchos de nosotros conocimos los conceptos de “almacenamiento en la nube” y “carpetas compartidas”. En su versión gratuita ofrece 2 GB de espacio. Este se puede expandir al recomendar el servicio a otros usuarios que decidan abrir cuenta.

Destaca la facilidad de uso con sus versiones para escritorio, móvil o web, y la integración con Office Online. Actualmente, incluye la aplicación Paper (para tomar notas o crear documentos), Transfer (para enviar archivos de gran tamaño), y Showcase (para presentar trabajos). Tiene dos planes de pago a partir de 9,99 € al mes.

No digital

El método más típico consiste en imprimir el manuscrito, sacarle una o más fotocopias, anillar, engrapar o encuadernar el ejemplar completo, y guardarlo en un sitio seguro. Si se escribe a mano, merece la pena conservar los cuadernos y borradores.

Se puede obtener un respaldo no digital menos voluminoso si se crea un libro de tapa blanda en Amazon KDP, se sube el archivo y se pide una copia de prueba, aunque no se piense publicar el libro por ese medio. En este caso, una maquetación o un diseño de portada profesional no importan, porque el ejemplar es para el autor y no cuenta como libro publicado si no se culmina el proceso en KDP. Una de mis novelas inéditas está impresa en el tamaño de 6 x 9”. Me resulta así mucho más práctica para revisión y para pasársela a un lector cero que tener otro trabajo de más de 200 hojas tamaño A4 a doble espacio.

Mi favorita

OneDrive. Con la suscripción a Office 365, dispongo de una capacidad de almacenamiento de 1 TB, gracias a lo cual puedo respaldar todos mis archivos (no solo de escritura) sin preocuparme por el espacio. Mis documentos de Word y de las demás aplicaciones de Office que uso se guardan en la nube de forma automática.

Para quienes no tienen la suscripción, OneDrive da apenas 5 GB de espacio y tiene un plan de 50 GB por 1,99 $ al mes.

Para probar más

Un manuscrito puede perderse de numerosas formas. Si queremos estar seguros necesitamos lo siguiente:

  1. Al menos una solución en la nube. En todos los dispositivos que usemos para nuestro trabajo debemos contar con una aplicación que nos permita subir los archivos de forma automática o con pocos clics.
  2. Un respaldo en un disco externo (pen drive o disco duro portátil), por si nuestro ordenador se daña o se pierde.
  3. Otro respaldo en un disco externo fuera de nuestro hogar, para casos de incendio o robo en nuestra casa.
  4. Una copia impresa de nuestros manuscritos. Si se produjera una catástrofe informática, el texto podría digitalizarse con tecnología OCR.
  5. Un archivo físico o digital en manos de otra persona, preferiblemente un colega escritor en quien confiemos. Tenemos un amigo escritor de nuestra confianza, ¿verdad? Le podemos devolver el favor cuidando con igual cariño alguno de sus materiales.

La experiencia de otros escritores

Ernest Hemingway perdió los manuscritos de sus relatos cuando tenía 23 años y aún no había publicado ningún libro. Su entonces esposa Elizabeth Hadley Richardson empacó los originales junto con las copias al carbón y las mecanografiadas en una maleta, para darle una sorpresa cuando se encontrara con él en Lausanne. La sorpresa fue devastadora, pues alguien se llevó la maleta en un momento en que Hadley dejó el equipaje sin vigilancia en la estación de París-Lyon. De este infortunio solo se salvaron dos relatos: uno que había sido enviado a un editor (quien, por cierto, lo devolvió) y otro que Gertrude Stein había criticado. Hemingway cuenta esta historia en sus memorias París era una fiesta.

Herramientas de revisión

Digna de probar

Send to Kindle es una herramienta que permite enviar archivos de forma inalámbrica a un dispositivo o aplicación Kindle desde un ordenador Windows o Mac. Tras su instalación, aparece la posibilidad de envío de cualquier archivo en los formatos aceptados desde el explorador de Windows o Finder de Mac. Además, Send to Kindle se añade a las impresoras del sistema. La idea consiste en pasar un archivo a iOS, Android o un lector Kindle en cuestión de clics. Se pueden enviar varios archivos al mismo tiempo.

Como puede advertirse, Send to Kindle no es una herramienta de revisión propiamente dicha, pero se puede emplear para los siguientes casos:

  • Cuando se quiere leer por última vez un manuscrito en otro soporte antes de enviarlo a una corrección profesional o una maquetación, e incluso cuando se prepara para un concurso o una editorial.
  • Cuando el autor ha realizado una maquetación por cuenta propia y quiere revisar si todo está en orden antes de subir el archivo a Amazon KDP[2].
  • Cuando se ha encargado una maquetación profesional y se desea revisar el resultado.

Aparte de la facilidad del envío de archivos, la ventaja de emplear Send to Kindle radica en el respaldo que permanece en la biblioteca de la cuenta de Amazon. Después de pasar el eBook a otro dispositivo, se pueden usar las funciones del Kindle para revisar: las notas, el subrayado y los marcadores. Los archivos quedarán guardados dentro de la sección de documentos del Kindle y se podrán exportar con sus notas a otros dispositivos.

Esta herramienta es gratuita y realiza el envío de archivos en los formatos MOBI y PDF.

Otra herramienta gratuita

Calibre se ha hecho popular como conversor de archivos, pero también es un gestor de biblioteca digital. Tiene soporte para archivos de diversas extensiones, reúne los diferentes formatos de un mismo libro y es un completo lector y editor de metadatos.

Calibre está disponible para Mac, Windows y Linux, y se actualiza con frecuencia. Considero que el editor de eBooks es el más accesible para el usuario no especializado en maquetación electrónica, pero siempre recomiendo volver a los archivos fuente cuando deba corregirse algo en el texto.

Calibre puede pasar libros de forma inalámbrica a un dispositivo Kindle si previamente se ha configurado el envío por correo electrónico en la cuenta de Amazon. Asimismo, permite las transferencias de archivos a otros dispositivos de lectura electrónica, con o sin cable USB.

Por la gran cantidad de tareas que se pueden realizar con Calibre, siempre hay algún que otro aspecto que no funciona de manera ideal. Su visor de libros electrónicos, aunque muy limpio y personalizable, carece de la posibilidad de anotar y resaltar texto.

La conocida

Adobe Reader es quizás el lector de PDF más popular. Su capacidad de reconocer marcadores e hipervínculos ayuda a revisar la interactividad de un documento. Se puede ajustar la vista para una o dos páginas. Esta última resulta apta para revisar PDF destinados a su impresión, pues recrea la lectura de un libro en papel.

Una de las funciones más útiles para escritores es la anotación. Cualquier usuario puede resaltar pasajes del texto, comentarlos y compartirlos con otras personas, quienes a su vez pueden agregar comentarios. Esto convierte a Adobe Reader en una interesante herramienta colaborativa. Como ventaja, se añade que es gratuita, tiene versiones para Windows, Mac y Android, y reproduce formularios y contenido multimedia.

No digital

En el ámbito más tradicional, la revisión es la fase final de la corrección. Representa el momento en que el escritor, tras haber pulido el manuscrito al máximo y haber incorporado las recomendaciones de un corrector, lo lee por última vez antes de declararlo listo para publicar. Esta es la oportunidad de detectar erratas y cambiar alguna que otra palabra u oración. Se puede realizar sobre una nueva impresión del manuscrito o una maqueta ya armada.

Mi favorita

Send to Kindle me parece una aplicación increíblemente práctica. La uso para revisar los eBooks de mis clientes, los MOBI que adquiero fuera de Amazon, documentos de Word que quiero leer con calma y hasta recetas de cocina que voy consultando durante su preparación. Por su parte, siempre leo y reviso archivos PDF en Adobe Reader.

Para no probar tanto

Los sistemas de almacenamiento de archivos en la nube permiten la sincronización en diferentes dispositivos y así acceder a las distintas aplicaciones instaladas en cada uno. Por ejemplo, un PDF en OneDrive puede abrirse en Word en línea, en Adobe Reader o en Libros de la Mac.

Cuando se lee en una aplicación Kindle, se descarga el DLE y, de este modo, es posible consultar el significado o la ortografía de algunas palabras.

La experiencia de otros escritores

Volvamos a Cien años de soledad: las primeras pruebas de imprenta de la editorial Sudamericana tenían 180 páginas a las que García Márquez realizó más de mil correcciones. El Gabo copió los cambios a máquina y los envió por correo postal, ante el temor de que las galeradas corregidas a mano se perdieran. Dichas galeradas quedaron en posesión del cineasta Luis Alcoriza y su esposa, quienes las recibieron con dedicatoria, y su heredero ha tratado de subastarlas por un millón de dólares.

La historia se cuenta en el artículo “La novela detrás de la novela”, publicado en la revista Cambio en 2001 y recopilado en La nostalgia de las almendras amargas, así como en las declaraciones del heredero Héctor Joaquín Delgado.

 

Entre tantas herramientas (y muchas otras que no he mencionado, como las de la suite de Google), ¿cuáles has usado y cuáles te parecen más útiles? Te espero en los comentarios.

________

[1] Dentro del texto de Gabriella el verificador identifica 5 errores, entre ellos “pastorcilla” al cual sugiere “pastorcillo”, pero no captó el contexto en “Haber”.
[2] Para saber cómo se verá el archivo en los dispositivos y aplicaciones Kindle con tipografía mejorada, es necesario revisar en Kindle Previewer. Lo enviado con Send to Kindle no tendrá activadas las características especiales de esta función.

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2 comentarios

  1. Saludos le recomiendo revisar la nube suiza pDrive, 2Tb por 350 € un pago en toda la vida yo la enseño en mis clases y es impresionante

    1. Gracias por la recomendación, Tony. A pesar de vivir en Suiza, aún no he probado pCloud Drive. Tiene buenas reseñas y es una de las pocas herramientas de almacenamiento en la nube que permite un solo pago de por vida. Saludos.

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