Josie, la gatimelódica (Versión cuasi-siglo XXI)

El timbre del recreo había sonado minutos atrás. Entré en el salón. Había un par de muchachas intercambiando brollos y otra, en un rincón, oyendo clandestinamente Red Hot Chili Peppers. Esta había sido mi amiga desde preescolar, hasta su extraña metamorfosis. La bautizaron como Ana Josefina. Así la conocía yo en otros tiempos. Ahora, la llaman Josie. Llevábamos medio año separadas y, por fin, hoy me decidí a hablar con ella. Me senté en un pupitre al lado del suyo. Ella se quitó los audífonos de su discman y dijo: «Hola, chama, ¿qué deseas?».

—Ana, necesitaba hablar contigo. Estoy muy preocupada por ti. No tienes que preguntarte por qué. Nada más mírate en un espejo: las pestañas se te han caído por el peso de tanto rímel, llevas las uñas negras (y encima puedes dejar ciego al mundo entero con ellas), cuatro tintes en el pelo, perfume entre chicote y lavanda. ¿Es que no te das cuenta? ¿No tienes amor propio? Disculpa por decirte esto. Sucede que yo soy como las muchachas de antes. A mí no me importaría si siempre hubieras sido así, pero no. Tú eras distinta. Cuando otros niños leían al Pato Donald, tú ya ibas por Shakespeare. ¿No recuerdas cuando hablabas de Edipo Rey y dejabas a todos los mayores impresionados? Ahora, solo lees los iconos de Windows 95. Tú oías cassettes de Mozart y Schubert, y los botaste por CDs de Heavy Metal. Sé que te escapas de tu casa a las dos de la madrugada y regresas a las seis, pero del día siguiente. Cuando aterrizas en tu casa, te adhieres a tu computadora. Vives entre jueguitos de CD-ROM, la tarjeta de sonido, el joystick, la impresora láser, el mouse, el módem. Encima, tu televisor pantalla gigante y tu VHS último modelo no te convencen. Cada vez que veo una moto a 500 por hora en la calle, sé que allí vas tú. Para ti, todos los carros ensamblados antes del 2000 son chatarra. Ana, ¿qué te ha pasado? No te voy a obligar a que cambies de vida. Simplemente, deseo oír tu opinión.

—Hola, chama, ¿qué deseas? Hola, chama, ¿qué deseas? Hola, chama.

Sus resortes saltaron y ella cayó entre un ruido metálico. Le había dado un corto circuito.

***

Escribí este relato cuando tenía dieciséis años y, para entonces, el año 2000 se perfilaba como el inicio del fin del mundo. Lo menos que nos pasaría sería el colapso de las computadoras cuando los calendarios se resetearan. Al someter mi manuscrito a publicación, ya había actualizado las referencias tecnológicas. Antes hablaba del Windows 3.1. y los carros ensamblados antes del 95. ¿Qué tendría que poner para esta segunda edición ampliada, corregida y trastocada? ¿Cuál sistema operativo, qué tipo de televisor, qué reproductor de música y video que no me haga quedar como una obsoleta dentro de un año? Hasta el título habría que cambiarlo porque no creo que alguien que no fuera de mi generación comprendiera la referencia y, por mucho que se buscara en Internet sobre las caricaturas, ya se perdería mucha sal en el camino.

Josie la gatimelódica_El mito de la segunda parte

Este relato forma parte de El mito de la segunda parte. Segunda edición ampliada, corregida y trastocada.

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