Mis tres instancias

Esa moderadora que aparece todas las noches en televisión nacional y entrevista a distintas personalidades de la política soy yo. Aunque no siempre me identifico con la ropa que me lleva el equipo de producción y parezco más gorda y más blanca en las cámaras, soy yo. Cuando veo la reposición del programa, confirmo con mi memoria que sí entrevisté a ese diputado, a ese sindicalista, a ese candidato a la presidencia, y que mi voz suena casi como mi voz cuando hablo en casa con mi marido y mis hijos.

Esa caricatura que surgió hace unos meses es mi súper yo, donde mi piel tiene color de fantasma, mis ojos son dos patas de gallo y mi boca parece de rana. La caricatura pone en mi boca ataques al gobierno, críticas directas al presidente, preguntas dirigidas a hacer tambalear a los políticos con quienes no comulgo y hacer lucir a quienes me agradan, y me siento culpable cuando aparecen las caricaturas de los televidentes, confundidos ante los mensajes contradictorios de los medios.

Esa cuenta de Facebook que lleva mi nombre y la foto mía que se consigue en la página web del canal tampoco soy yo, sino mi ello. Tiene más de mil amistades, incluyendo mis hermanos, quienes ignoran que esa no soy yo. En esa cuenta de Facebook escribo groserías que ni siquiera soy capaz de pensar, ataco a todos los políticos que entrevisto, hablo pestes del director del canal y de la gente de producción que me busca ropa horrenda, y hasta de ese trabajo (donde gano menos de lo que todos creen) porque me impide ser una buena madre y me mantiene en el foco de atención de una pila de locos que quieren usurpar mi puesto.

El transformista que actúa como mi doble en un programa humorístico en las mañanas y en unos monólogos que ha presentado en varios teatros del país sí es mi yo. Su voz suena idéntica a la mía, imita unos tics y gestos en los que nunca había reparado, y no sé dónde encontró la ropa que sí me pongo. La gente se ríe al verlo y reflexiona sobre las preguntas que les he formulado a los políticos. No pude resistir la tentación de buscar a mi yo transformista y entregarle mis invitaciones a varias fiestas y compromisos sociales, donde enamoró a todos. Hasta mi caricatura y mi cuenta de Facebook lo alabaron y propusieron que moderara el programa en mi lugar. Lo dejé feliz ante las cámaras. No todo el mundo tiene la suerte de encontrarse a sí mismo.

Mis tres instancias_El mito de la segunda parteEste relato forma parte de El mito de la segunda parte. Segunda edición ampliada, corregida y trastocada.

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