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Los miedos que te impiden vender libros

Cuando escribimos, pasamos por etapas maravillosas: las ideas que surgen, la historia que va tomando cuerpo en nuestra imaginación y nuestras palabras, el arreglo de los detalles de estilo. Un buen día terminamos nuestro manuscrito, viene la pregunta «¿ahora qué hago?» y con ella nos invaden miedos que quizás hasta entonces no habían aparecido o con los que habíamos tenido que luchar durante el proceso de creación.

El problema de los miedos (aparte de los sentimientos incómodos que generan) son las consecuencias para el futuro y el presente del libro. Dependiendo de cómo los manejes, estos miedos pueden sabotear en gran medida tu carrera como escritor. Pasemos revista a los más importantes:

«Mi libro no es lo suficientemente bueno»

Elaboraste tu manuscrito y lo hiciste lo mejor que pudiste, pero una alarma en tu cabeza te advierte que algo falla. ¿Qué haces? ¿La ignoras como esas luces del carro que no comprendes? Si consigues ese «algo» y lo solucionas, la obra puede pasar de «bien» o «pasable» a grandiosa.

Lo malo viene cuando, a pesar de la alarma, publicas el libro o lo envías a agentes y editoriales. Mientras pienses que tu obra no es lo suficientemente buena, dejarás de intentarlo cuando recibas los primeros rechazos y te negarás a la promoción, porque estarías dando al mundo algo que tú mismo consideras mediocre y con la publicidad facilitarías el «descubrimiento» de lo que no hiciste bien.

Ante este miedo, relacionado con el síndrome del impostor, algunos recomiendan lanzarse al agua. Dicen que en cierto momento hay que ponerle el punto final a un libro, que hecho es mejor que perfecto, que siempre habrá algo que mejorar. Yo pienso, sin embargo, que cuando un autor siente esa inseguridad, debe detenerse a analizarla. Quizás haya puntos importantes en el libro que haga falta mejorar. Quizás necesite una corrección profesional; quizás deba delegar la maquetación y el diseño de portada cuando corresponda, y esas horas que se ahorra en aprender habilidades no relacionadas con la escritura las puede invertir en mejorar su manuscrito y dedicarle una revisión crítica.

Otro problema viene cuando has publicado más de un libro y sientes que tus primeras obras no están a la altura de las más recientes. Entonces, ya no sientes ánimos de promocionarlas y tienes miedo de mostrar tu «lado débil» como escritor.

A este respecto, pienso que si un autor ha escrito algo infame, que promueva la violencia y la intolerancia, puede retirarlo del mercado y de su currículo sin remordimientos. Si le faltó una corrección ortotipográfica, una portada bien diseñada y una maquetación de calidad, el libro se puede mejorar y lanzar de nuevo. Si tiene errores de principiante o algún problema de técnica narrativa, no sería partidaria de reescribir un libro publicado, pero tampoco de retirarlo. Nuestro proceso de aprendizaje forma parte de lo que hoy somos. Quizás nuestra primera novela no se equipara a la segunda ni la tercera ni la cuarta (y menos mal, pues estamos creciendo), pero significó algo en nuestro recorrido y pudo haber significado algo para quienes la leyeron. ¿Por qué no honrar esa etapa de nosotros mismos?

Los primeros libros de algunos autores independientes me gustaron más que los siguientes, porque luego afianzaron su marca personal y se posicionaron en géneros de los que no soy lectora habitual. A veces, esas novelas de debutante tienen una frescura y una espontaneidad que desaparecen cuando el proceso de escritura se vuelve más razonado, más enfocado en los nichos de mercado. ¿Vamos a perder ese potencial de conmover a otros lectores por el miedo de que esa primera novela no sea «tan buena»?

«Me van a criticar»

Este miedo se vincula con el anterior. Si sigues pensando que tu libro no es bueno, lo que viene es la crítica y esa crítica solamente va a aparecer cuando lo des a conocer. El marketing va a empujar tu obra a ese escenario donde le tirarán tomates y huevos podridos.

Publicar un libro lo hace susceptible a la crítica. Esto es una realidad. No puedes controlar las opiniones de los demás y siempre habrá más de uno a quien no le haya gustado en lo absoluto. Fíjate en la ficha de Goodreads de tus libros de cabecera y, sin duda, encontrarás lectores que los han valorado con una estrella.

Pero sí hay aspectos que puedes controlar y en ellos debes enfocarte. Escribe el mejor libro que puedas dar, permite que lo corrijan y vístelo con una portada y una maquetación que lo hagan destacar. Así, previenes toda la crítica proveniente de una presentación poco profesional. Después, te toca dar a conocer tu libro a sus lectores objetivo. No hacerlo es un error en el que muchos caen. Creen en el «todo público», lo anuncian a diestra y siniestra en las redes sociales, agobian a los blogueros que reseñan y, de pronto, aparecen valoraciones de una o dos estrellas por parte de lectores que tenían otras expectativas.

Ayuda someter el manuscrito a consideración de críticos antes de la publicación. Necesitamos lectores cero e informes de lectura si estás ante la situación del «algo falla, pero no sé qué». Sobre todo, presta atención cuando las opiniones se repiten. Las críticas te ayudan a crecer como escritor.

Aunque hayas dado lo mejor de ti, es posible que te encuentres con ese comentario negativo que te parezca injusto. A los comentarios donde se critica personalmente al autor y no a la obra hay que descartarlos sin darles más vueltas y hablan peor de quien los formula. No puedes agradar a todo el mundo, pero sí puedes creer en lo que haces.

Si no te están criticando, no te están leyendo.

«No voy a vender»

El miedo al fracaso es uno de los que más bloquea a un autor. Con las facilidades de publicación independiente y tantos casos sonados de bestsellers en Amazon, parece que el número de ventas es el nuevo indicador de éxito para un escritor, en especial ventas continuas y crecientes que puedan convertirse en un medio de subsistencia.

Pero lo cierto es que la gran mayoría de los libros publicados no se convierten en superventas. Muchos autores no pasan de los dos dígitos bajos en Amazon, logrados por lo general durante la etapa del lanzamiento y, de resto, el libro se hunde en la clasificación de más vendidos, como si se hubiera lanzado una piedra al mar.

Este escenario decepciona, después de lo invertido en la escritura de un libro y en una publicación profesional. Pero si de entrada piensas que ese va a ser el destino de tu obra, estás creando una profecía autocumplida, pues no vas a hacer ninguno de los esfuerzos necesarios para vender tu libro. Eliminas las ventas de tus propios objetivos porque las consideras imposibles. No puedes fracasar porque no lo intentas. Te quedas del lado «seguro», donde nada malo (ni bueno) te va a suceder.

La falta de ventas se está asociando con falta de talento o de calidad, y por lo general tiene que ver con tres factores: el libro no está alcanzando su público objetivo (o apela de por sí a un público reducido), la gente no sabe que existe y carece de una presentación atractiva. Solucionar estos tres factores está en las manos del autor.

«Ya me ha ido mal antes y me volverá a pasar lo mismo»

Pasamos al caso de quienes han publicado, vendieron muy poco y ya no se toman las siguientes publicaciones con el entusiasmo del principio. Con cada derrota se les va consumiendo la pasión por escribir y, tarde o temprano, abandonan.

No conozco a un autor que lo haga todo bien y le salga todo mal. Cuando un libro no se vende, las causas se pueden rastrear (véase el final del apartado anterior). Para una tercera persona esto es por lo general mucho más fácil de visualizar que para el autor, a quien el miedo se le combina con la frustración, y sabe cómo se siente ese «fracaso».

Si ya has tenido una mala experiencia, no asumas que la siguiente va a ser igual. Si lo asumes y no cambias nada, sí va a ser igual. Analiza qué pasó, qué te faltó y qué puedes aprender de tus errores. Enfócate en crear audiencia, en contactar influencers, en analizar a los autores exitosos de tu género. No caigas en los lamentos descorazonados de esos que se quejan de que en Amazon no se vende y que a la gente que escribe peor que uno le va bien. Los pensamientos derrotistas no te llevarán a ningún lado. Arma un nuevo plan para alcanzar tu objetivo.

«Voy a perder mi privacidad»

De aquí a que los paparazzi nos persigan o que los fans no nos dejen escribir tranquilos en nuestro café favorito va a faltar mucho. A nuestro café favorito ya no podemos ir gracias al coronavirus.

Sí existe la posibilidad (y me ha pasado) de que algún ex que te había perdido la pista te encuentre en Google, te contacte y te ponga en una situación incómoda. Si estás buscando empleo, quizás no quieras que tus potenciales jefes vean lo que haces, menos si deseas un puesto en educación primaria y escribes historias de terror donde las víctimas son niños. Las autoras de erótica suelen enfrentarse a este problema, por el temor de que las perciban como «poco serias» o, peor, que todos crean que lo que cuentan forma parte de su diario íntimo.

Existe la opción del seudónimo, pero este es un tema amplio con muchos bemoles. No puede compararse el nom de plume de una persona identificable, que muestra su cara y puede trabajar una marca personal auténtica, con el autor secreto, del que nadie sabe si es hombre o mujer, adolescente o de mediana edad. Este último puede que no llegue a vender, porque no perder sus máscaras lo pone en un aprieto.

Nosotros decidimos hasta qué punto dejamos que otros accedan a nuestro espacio personal. No tienes que decir dónde vives, ni llenar el perfil completo de Facebook o de LinkedIn, ni mostrar tus fotos familiares, aunque sí es recomendable que incluyas una tuya. Debes ser cuidadoso (en vez de temeroso) con lo que compartes.

Hay quienes juegan con la poca privacidad. Aceptan a cualquier desconocido como amigo de Facebook. Comparten fotos de los cumpleaños de sus hijos, videos de sus gatos, opiniones sobre lo que ven en televisión, y de este modo crean una conexión más personal con los seguidores. Si esto no es lo tuyo, no importa. Puedes tener mucho que decir sin estar divulgando todos los detalles de tu vida.

«Gastaré mucho dinero»

Recuerdo una velada literaria en la cual un autor inédito vociferaba: «¡No puedo publicar! ¡Es muy caro!». De las barreras que nos ponemos los escritores, esta es una de las más sencillas de quitar.

Si eres heredero de la mentalidad de que no se debe pagar por publicar, hay alternativas: la publicación tradicional, el crowdfunding y, si se aplica a tu libro, la publicación financiada por instituciones académicas o culturales.

Hay profesionales para todos los presupuestos, aunque sospecharía de cualquier proveedor que cobrara menos de 50 USD por corrección, diseño de portada o maquetación. En mi serie «Cuánto cuesta publicar un libro gratis» hablo de las formas de publicar gratis aunque «cueste» en términos de tiempo y dificultad o implique un trabajo de edición previo por el que sí hay que pagar. Teóricamente, cualquier autor puede publicar a coste cero.

Cuanto más se gaste, más cuesta recuperar la inversión. Pero he visto autores que lo hicieron todo solos, publicaron en Amazon y en otras tiendas, y no vendieron ni diez descargas en total. En cambio, una vez leí una historia de un autor que invirtió más de 5000 USD en su libro de no ficción (incluyendo la versión en audiolibro narrada por un profesional) y ganó el doble en menos de un año.

Analiza de forma inteligente en qué conviene gastar y cómo vas a manejar las finanzas de tu negocio. Tienes que asumir la publicación independiente como negocio si quieres vender. Probablemente, no te haga falta un booktrailer donde contrates actores ni la traducción al inglés, francés y japonés de tu novela.

Sí hay timos, packs de autopublicación donde se cobra en exceso por servicios de baja calidad, y el rubro de la publicidad de pago puede convertirse en un vampiro que desangre tu cuenta bancaria.

Si te preocupa perder dinero, vas a tomar decisiones que se basen en no gastar o en recuperar lo gastado y no en la calidad del libro y lo que necesitas para que llegue a sus lectores objetivo. Esa mentalidad te limita y alimenta los tres primeros miedos mencionados en esta entrada.

«Se van a piratear mi libro»

El miedo a la piratería es legítimo. Cualquiera puede ser víctima. Ya no solo se da con los libros exitosos. He notado que las promociones gratuitas de KDP Select son la vendimia de los piratas y, de allí, extraen gran parte del material que ofrecen en sus páginas de descarga. Pero no son las únicas formas. Una de las versiones pirateadas de mi novela proviene de una persona que la recibió para reseñar y otra partió de un regalo para un segmento de mi lista de suscriptores.

Hace tiempo, leí en el testimonio de un pirata: «si se puede leer se puede piratear». Eso significa que marcas de agua, DRM, apps especiales y afines no detienen a quien se quiera copiar un libro.

Y ese hecho no debería asustarnos. Según Mark Coker, el fundador de Smashwords, la oscuridad es una mayor amenaza para los autores que la piratería. Hay quienes han visto esas páginas ilegales como una plataforma más donde difundir su trabajo. Otros implementan medidas para combatir la piratería (algo extenuante, dependiendo de cómo reacciones).

El problema surge cuando este miedo te impide tomar acciones que benefician tus ventas. Nada de sacar una versión electrónica, ni repartir ejemplares o descargas de cortesía, ni realizar promociones gratuitas, ni vender en tiendas digitales. Por los piratas y por la gente que acude a esos sitios web, penalizas a los lectores honestos que sí pagan por libros y sí respetan el trabajo de los escritores. El día en que dejemos de creer en la honestidad de la gente se habrá acabado el mundo (no con el coronavirus ni ninguna otra pandemia).

Esas ventas que «pierdes» por las descargas ilegales suelen ser de consumidores que no comprarían tu libro por distintas causas. La principal de ellas es la mentalidad de «¿para qué pagar si lo puedo conseguir gratis?».

No obstante, si estás deshojando la margarita entre la publicación tradicional y la independiente, tal vez te convenga intentar primero el camino de las editoriales, dado que la piratería podría afectar tus opciones.

«El marketing me va a tomar mucho tiempo»

Sí, el marketing toma tiempo. Más de una vez me he puesto a experimentar con las formas más efectivas de manejarlo y he sacado cuatro grandes conclusiones:

  1. No hay atajos.
  2. La constancia y la consistencia son esenciales.
  3. Es necesario elaborar un plan y ejecutarlo.
  4. Lo que le funciona a un escritor no necesariamente le funciona a otro.

Se hace necesario aprender a aprovechar el tiempo: aplicar el principio de Pareto, analizar niveles de energía, usar herramientas de productividad, adoptar trucos en distintas áreas. Así, se pueden lograr maravillas con las mismas 24 horas de siempre.

La fórmula mágica no existe. Encontrarás baches en el camino, aplicarás estrategias con ilusión y no te funcionarán. Puedes caer en un agujero negro de Twitter, pasar horas escribiendo una entrada para tu blog que apenas se comparta, o armar un sorteo en el que casi nadie participe. Pero todas estas acciones, aun las que hayas realizado en vano, van asfaltando el camino para las que sí darán resultados. Necesitarás hacer pruebas para conseguir un método adecuado y una rutina sostenible que te permita avanzar.

Ahora bien, puedes tomar alguna de las rutas posibles o pensar «no tengo tiempo» y hasta allí llegaste.

Tienes miedo de sacrificar porque no sabes si el resultado valdrá la pena. Para cuando hayas terminado tu manuscrito, probablemente ya hayas sacrificado un montón de tiempo en la escritura, investigación y corrección propia. ¿Por qué te vas a dormir cuando te estés acercando a la meta, como la liebre de la fábula?

Porque nos asaltarán los otros seres espantosos en esa parte del camino: la crítica, los problemas con la publicación, los asuntos financieros, los piratas.

El marketing te obliga a salir de tu zona de confort. Muchos escritores son introvertidos y perciben esas tareas como un autobombo. Para abrirle un hueco a esta fase del oficio, hay que reducírselo a otras actividades. Y a veces no es que estés cambiando el marketing por Netflix o Facebook, puede implicar tiempo con la familia, una determinada costumbre los sábados, levantarse más temprano, reorganizar prioridades. Nada importante se logra sin sacrificio.

«Hay tantas opciones. ¡No sé por cuál decidirme!»

¿Publicar con editorial o de forma independiente? ¿Crearme un blog: o no? ¿WordPress o Blogger? ¿En cuál plataforma publico? ¿Me voy por la exclusividad de Amazon o distribuyo en otras tiendas?

La cantidad de opciones en torno a la publicación pone la decisión difícil. Todos queremos hacerlo todo bien desde el principio, pero no siempre está claro cómo hacer las cosas bien. Si rondas los foros de Internet y les preguntas a los escritores más experimentados, verás que cada quien recomienda algo distinto y las respuestas te confundirán más.

Las consecuencias de una mala decisión pueden ser severas: perder tiempo (nuestro único recurso irrecuperable), desperdiciar dinero, quedar en ridículo, decepcionarte de ti mismo, desaprovechar un lanzamiento, «quemar» un manuscrito, ser pirateado.

Existe la decidofobia. El miedo de tomar la decisión equivocada es tan grande que no tomas ninguna. Entonces, tus manuscritos se quedan en el cajón o en tu disco duro. Nadie gana nada: ni tú ni los potenciales lectores de tu libro.

Cada vez que emprendes un camino estás dejando atrás otros y muchas veces no puedes regresar. Por ejemplo, si autopublicas, tu obra dejará de ser inédita. No podrá participar en la mayoría de los concursos literarios. No estará quemada para todas las editoriales, pero algunas sí la rechazarán. Si no te va bien y decides retirar tu libro tiempo después, quedarán huellas: reseñas en Goodreads, la capacidad de reventa para quienes hayan comprado un ejemplar impreso, las descargas de quienes adquirieron el eBook, las descargas ilegales. Por eso, considera primero cuál es el camino que prefieres. Si no hubiera barreras de ningún tipo, ¿qué harías?

Si te interesa la publicación tradicional, persíguela sin miedo. No dejes de tocar esa puerta porque algunos digan que nadie está apostando por nuevos autores, porque el coronavirus le quitó el piso al mundo editorial o porque las regalías y los anticipos son una miseria. Si te vas por un camino que no te convence solo porque muchos ponderan sus ventajas, no lo vas a emprender con entusiasmo e igual no te va a llevar adonde tú quieres.

El camino para llegar a las buenas decisiones muchas veces pasa por las malas. En temas de publicación y ventas de libros, las decisiones de las que uno se arrepiente suelen darse por la impulsividad, la falta de información y las falsas expectativas.

«No puedo competir con los bestsellers»

Sientes que en este mar editorial hay muchos tiburones y tú eres un pez minúsculo con un libro humilde. Prefieres quedarte a salvo en tu estanque: les vendes el libro a tus amigos, se lo regalas a tus familiares, te das por satisfecho con la única presentación que tuviste y los comentarios halagadores de quienes te aprecian.

Esos que están tuiteando cada dos minutos, acaparan la atención de las editoriales, saltan en las cimas de Amazon y firman ejemplares en la Feria del Libro son los que venden. Tú no tienes esperanza. La batalla está perdida antes de empezar.

Este miedo es una variante del «no voy a vender», pero estableces que el otro, el tiburón, es el responsable de que no te vaya bien («Mi novela seria de romance contemporáneo es ignorada porque se ha armado un revuelo en torno a Cincuenta sombras de Grey»). Piensas que tu imagen saldrá afectada y te sentirás más triste si lo intentas y no lo logras que si de una vez decides no participar en la batalla.

¿Cómo hicieron esos superventas para alcanzar su éxito? ¿Cómo comenzaron? ¿Piensas que solamente tuvieron suerte, como quien se sacó el jackpot de una máquina tragamonedas? ¿Qué te impide hacer más? Hay autores que sonaban mucho en el mundo editorial hace unos años y ya no están publicando material nuevo. Hay blogs exitosos que han cerrado. Sigue habiendo maneras de destacar. No creas que el tren está lleno y no puedes entrar.

La competencia (entendida como los autores exitosos, o, mejor dicho, esos que están donde soñamos estar) nos ayuda a conocer las tendencias del mundo editorial, dónde están los lectores y qué están comprando, qué opinan sobre esos autores y esos libros. Más que temerlos hay que conocerlos.

¿Qué hacer con tantos miedos?

Dejarte vencer por el miedo te niega la posibilidad de que otros disfruten de tus palabras, de transmitir tu mensaje, de ser remunerado por el trabajo creativo que has realizado. Me pregunto cuántos de los que dicen escribir «para sí mismos» no son en verdad personas dominadas por sus temores.

Escribir es atemorizante; publicar, también. En un libro, aunque sea técnico o académico, estás entregando una parte de tu alma. Es tu hijo, el fruto de tu amor, de tu esfuerzo, de muchas horas de trabajo. Tienes muchas expectativas. No quieres que se lo devoren los tiburones ni los críticos ni los piratas. Sí duele perder dinero, no obtener reconocimiento, ver que las únicas alertas de Google con tu título son los añadidos de un sitio de descargas ilegales.

Si no quieres que el miedo te agarre los tobillos, te toca enfrentarlo y tomar riesgos. Puede que no nos salgan las cosas como queremos, o puede que logremos domar nuestros demonios y vivir grandes experiencias al difundir nuestros libros.

¿Con cuáles de estos miedos te identificas? ¿Qué haces cuando te asaltan? Compártelo en los comentarios.

Nota: Las imágenes del cuerpo de esta entrada están tomadas del libro Doña Piñones, de María de la Luz Uribe, ilustrado por Fernando Krahn (Ediciones Ekaré-Banco del Libro. Caracas, 1981). Este libro me encantaba cuando era niña y ahora se lo leo a mis hijos, que tienen menos miedos que yo.

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2 comentarios

  1. Lo del miedo a perder la privacidad es totalmente cierto. Al menos yo, cuando comento en algún blog o web literaria, no siempre pongo mi nombre completo. Ya estoy suficientemente expuesto en Google, no estoy seguro de querer exponerme más. Que luego todos estos comentarios salen en las búsquedas. Sé que me puede perjudicar a la hora de vender mis libros, pero… 🤷‍♂️

    1. Entiendo tu preocupación. Cualquiera podría buscar tu nombre en Google y rastrear absolutamente todo lo que has escrito por Internet. Si alguno de los blogs en los que comentas tiene un SEO mejor, podrían aparecer tus comentarios antes que tu propia página web o las tiendas donde vendes tus libros.
      No es mi intención avivar el miedo, pero sí pienso que debe guardarse precaución en cuanto a nuestra actividad pública.

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