La descripción constituye una de las principales herramientas de promoción de un libro. Cuando un lector aterriza en una página de venta digital o tiene en la mano un ejemplar impreso, la descripción abre una ventana de atención que nos puede hacer: 1) perder a ese lector, 2) decidirlo a la compra, o 3) motivarlo a averiguar más (leer unas páginas, descargarse el extracto o revisar reseñas y recomendaciones). Se trata de un elemento crucial que no debe ser tomado a la ligera.

En esta entrada, hablo de “descripción” y no de “sinopsis”, “resumen” o “texto de contraportada” para destacar el nombre que se le da a este elemento en el catálogo de Amazon y de iTunes, aplicarlo tanto a libros electrónicos como a impresos e igualmente para distinguirlo en cuanto a su función de la sinopsis que se suele enviar a agentes y editoriales para proponer un manuscrito, y de la que por motivos didácticos o informativos expone el contenido de un libro.

Como autora sé que es difícil escribir una buena descripción. Las que tengo actualmente de mis libros no fueron sus primeras versiones y probablemente continúe trabajándolas. Como lectora he visto en las descripciones tantos recursos manidos, que sepultan la originalidad de un libro, lo hacen invisible a quienes más pueden disfrutarlo y lo convierten en blanco de burlas, que la búsqueda de nuevo material de lectura en los catálogos resulta una tarea hercúlea.

Hay problemas obvios, como la presencia de errores ortográficos o de redacción, las repeticiones, una descripción demasiado larga o demasiado corta, pero hay otros menos obvios, herederos de la industria tradicional, que muchos autores consideran buena praxis, pero en realidad constituyen armas de doble filo que pueden resultar contraproducentes y fulminar el interés por parte del lector. Revisemos el arsenal:

Armas de doble filo en la descripción de un libro

1. Vaguedades

Funcionan sobre la base de léxico general que podría aplicarse a libros muy diferentes. Nombres abstractos y ambiguos se combinan con adjetivos muy utilizados en el contexto de las descripciones y se potencian con indefinidos: “un thriller trepidante”, “una guía práctica para todo público”, “una relación conmovedora que cambiará muchas vidas”, “fabulosos personajes que viven fascinantes aventuras se enfrentarán a grandes peligros y serán perseguidos por villanos despiadados dispuestos a todo para ocultar un secreto con fatales consecuencias, hasta desembocar en un final inesperado e impactante donde nada es lo que parece”.

Como resultado, no se sabe de qué se trata la historia ni qué aporta el libro. Esta arma se emplea con la intención de crear un aire interesante y enigmático, pero puede dar la impresión de ser una cortina de humo para un texto con poca sustancia. En su lugar, conviene expresar lo que está en juego, mostrar el conflicto, presentar a los personajes en acción (si escribimos ficción) o indicar el problema concreto que se aborda, a quiénes se dirige, qué enfoque se trabaja (si se trata de no ficción). ¿Por qué perder la oportunidad de mostrar lo que hace único y especial a un libro?

2. Contarlo todo

Así como es un error cargar la descripción con vaguedades, también lo es decir demasiado porque se elimina la sorpresa y no motiva a seguir leyendo. No podemos confundir la descripción con el resumen para Wikipedia. Hace tiempo vi que un autor colocó en Amazon el argumento entero de su novela, de principio a fin. Si se siente identificado con este caso, vaya a cambiar su descripción de una vez, sin importar que aún no sepa bien qué escribir. Contarlo todo es un tiro que sale por la culata.

3. Autobombo/falsa modestia

Comprende todas las formas en que un autor se halaga a sí mismo o a su obra. Se supone que en una editorial tradicional el mismo autor no escribe la descripción, pero en un libro autopublicado no cabe tal duda. ¿Hasta qué punto alabar nuestro propio talento escriturario, nuestra trayectoria profesional y nuestro vástago de palabras nos hace conseguir más lectores? Es preferible buscar términos que nos mantengan en el terreno más objetivo posible. Otro modelo de la misma arma se pone en acción cuando el autor se presenta como “novel” o “aspirante a escritor” en su “primer intento” de novela, puesto que busca el halago por medio de un comentario en el que se descalifica.

4. Promesas

Apuntan directamente al lector y, sin saber quién es ni lo que busca, le aseguran que el libro tendrá un determinado efecto: “Te encantará”, “no podrás dejar de leer”, “es lo único que necesitas para perder peso/volverte millonario/escribir un bestseller. Aparte de estar creando una expectativa que puede no cumplirse (dado que no existe un libro que le guste o le sirva a todo el mundo), estos clichés los hemos leído y escuchado muchas veces en el lenguaje publicitario. Si un autor no tiene originalidad para describir su obra, ¿qué podemos esperar del resto?

5. Recomendaciones de credibilidad dudosa

Las opiniones favorables de lectores conocidos e influyentes constituyen armas imprescindibles en las descripciones de los libros publicados por las grandes editoriales, pero adquieren un doble filo cuando queremos emularlas con los comentarios de nuestros familiares (por más objetivos que deseen ser) o de personas cuya identidad no se puede rastrear (porque son anónimos o firman con un alias, lo cual puede sugerir que es el mismo autor quien escribió la opinión).

A veces, me he topado con referencias a un medio digital que es nada menos que el mismo blog del autor, pero no lleva su nombre (como cuando yo tenía Helvetia Hispánica). Así, da la impresión de que fuera una valoración ajena. Quien cuente con una opinión cualificada (de otro autor conocido en el género, un especialista en la materia, alguien identificable con criterio o una reseña publicada en algún medio cultural) puede ponerla sin lugar a dudas. Si no, es preferible no colocar ninguna.

6. Metaliteratura/Negaciones

Esta es un arma atrayente para quienes tenemos una propuesta estética aparte de contar una historia. Por si acaso el lector no capta que está ante un libro con valor artístico, se lo explicamos claramente. Entonces hablamos de la estructura, del narrador, del manejo del tiempo, de cómo reinterpretamos alguna obra maestra. Pero resulta peligroso convertir la descripción en un autoanálisis literario. Otra variante consiste en señalar lo que el libro no es, para resguardar sus fronteras con otros, en vez de decir lo que es. ¿Quizás porque nosotros mismos no estamos seguros de cómo clasificarlo?

7. Tono publicitario

No nos engañemos: la descripción de un libro es un texto publicitario porque busca llamar la atención e incitar a la lectura. Eso no quiere decir que se trate de un pasquín o deba sonar como un comercial de televisión. Cuando una descripción no está en sintonía con el libro, sino que enciende el modo publicitario, puede convertirse en ruido e interferencia. Lo mismo sucede cuando presentamos un libro de humor sin gracia o uno de acción en el que no pase nada. Sería ideal una descripción que transmita (no afirme) las sensaciones que produce el texto.

8. Varios géneros en el mismo saco

Se recarga la descripción con elementos que pueden gustar a muchas personas distintas (sexo, misterio, amor, humor, fantasía, suspense), aunque algunos de ellos tengan poco peso en el conjunto del libro. Esto es como agarrar todas las especias del supermercado y añadírselas a un solo plato. También se aplica a las descripciones del tipo “Cincuenta sombras de Grey se encuentra con El código Da Vinci y Harry Potter”. Empuñamos esta arma cuando no tenemos en mente a un lector objetivo, sino que pretendemos echar mano a todos los posibles. En otras palabras, se pretende cazar a diferentes tipos de lectores, pero no se apunta a ninguno.

Dado que he mencionado estas armas de doble filo, las aplico (casi todas) a mi novela multimedia Fantasía y fuga para presentarles:

La peor descripción de un libro

De la exquisita pluma de Valentina Truneanu nos llega esta cautivadora historia de amor y corrupción, intriga y humor, inspiración y erotismo que nos demuestra la omnipresencia de la música (literalmente) envolviéndolo todo a su alrededor.

Fantasía y fuga toma el título de una suite de Bach para hacer un juego de palabras entre las fantasías de la protagonista y su deseo de huir de una vida llena de falsedad. Cada capítulo está dedicado a una pieza de música clásica, la cual se reinterpretará en el pasado y el presente de los personajes, y actuará como hilo conductor de la trama.

Esta no es la típica novela romántica, pero tampoco una novela negra. No es lineal ni plana, pero tampoco un palabrerío intelectual. No es una apología de la infidelidad, pero tampoco adopta una postura moralista.

“No recuerdo cuándo fue la última vez que leí una historia tan bella como la de Fantasía y fuga. Quien no compre este libro YA no sabe lo que se pierde”, Anónimo.

“Sigo a esta autora desde sus inicios y cada vez escribe mejor”, Luis Truneanu.

“Una pasión al estilo de George Sand y Frédéric Chopin llevada a nuestra época”, Helvetia Hispánica.

Si estás buscando una lectura refrescante para el verano, un drama para cortarte las venas, una pasión ardiente para que apagues la calefacción en invierno, una comedia que te tonificará los abdominales a carcajadas, Fantasía y fuga es la novela que siempre has querido leer. Adquiérela YA, antes de que la autora le vuelva a subir el precio. No te arrepentirás.