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¿Estrategias offline para vender libros online?

Vender un libro

afiche de Martin WalkerDespués de haber publicado dos libros de modo tradicional y haber pasado tres años en la directiva de la Asociación de Escritores del Zulia, llegué a familiarizarme con las estrategias de venta de libros físicos, aplicadas por muchos escritores o por las editoriales que han apostado por nosotros. Ahora que he pasado a la edición digital, me he preguntado si tales estrategias, que podemos denominar offline, siguen siendo válidas para los libros electrónicos y físicos que solo se venden online.

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Cuánto cuesta publicar un libro gratis (IV): Wattpad

Publicar un libro

Ahora que las redes sociales se han convertido en una de las herramientas más poderosas para promocionar libros, la posibilidad de publicar una obra directamente en una red social adquiere mucho sentido. Para ello ha nacido Wattpad, un espacio de intercambio entre lectores y escritores iniciado en 2006, que cuenta con una gran comunidad de habla hispana.

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¿Vale la pena autopublicarse en papel?

Publicar un libro

En medio del auge de las publicaciones electrónicas, las historias de éxito de escritores que se convirtieron en superventas digitales y las ventajas innegables del eBook (como su precio, su facilidad de distribución y su envío inmediato), cabe preguntarse si hoy en día vale la pena autopublicarse en papel.

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7 mitos que los escritores suelen creerse cuando les va mal

Carrera literaria
Mientras unos pocos disfrutan del Olimpo, muchos escritores emprenden odiseas para publicar y realizan tareas hercúleas para vender

Mientras unos pocos disfrutan del Olimpo, muchos escritores emprenden odiseas para publicar y realizan tareas hercúleas para vender

Los escritores tendemos a propagar varios mitos de los que queremos convencernos para no asumir lo que estamos haciendo mal. En otras palabras, nos buscamos una excusa o un factor externo, fuera de nuestro control, para justificar el hecho de que nuestro libro no se esté vendiendo o no hayamos conseguido el soñado contrato con una editorial. De este modo, quedamos “aliviados” porque nos sentimos liberados de responsabilidad. Al mismo tiempo, sabemos que hay otros autores a quienes les pasa lo mismo y con quienes rezamos la letanía de quejas, en la que destacan estos siete mitos:

1. La gente no lee

Esto lo oigo desde que tengo memoria. Otras variantes: los jóvenes no leen, el grupo tal (entiéndase, el público objetivo de nuestro libro) no lee, la televisión / el cine / los videojuegos / Internet hacen que la gente ya no lea. Lo curioso de esta queja es que suele pronunciarse ante personas que sí leen. Me recuerda a una vez en que la directora del colegio pasó por el salón un día entre un feriado y un fin de semana. Gran parte del alumnado había faltado y ella nos echó un discurso sobre la irresponsabilidad de tomarse vacaciones un día que el colegio no había declarado libre… Pero lo dirigió al público equivocado porque nosotros sí estábamos allí. Los que faltaron ese día llegaron de lo más contentos al siguiente lunes, después de disfrutar de su puente, y ni siquiera se enteraron de que la directora estaba disgustada.

Volviendo a lo que nos ocupa, el mito mencionado niega la realidad de la gran cantidad de personas que sí lee, convierte a los oyentes de la queja en depositarios de una crítica injustificada, crea falsos antagonistas y hace que uno no se preocupe en buscar el verdadero contacto con los lectores (porque, literalmente, no existen).

2. La gente solo lee basura

Este mito pervive en los autores de ficción literaria, de textos académicos y de investigaciones muy documentadas que no se hubieran podido hacer sin una gran preparación de base y años de trabajo invertidos en el libro, el cual, a la hora de la verdad, carece de la difusión merecida y deseada. Dichos escritores advierten que otros libros, de autores que parecen producir en masa, no tienen una finalidad estética ni están especializados en la disciplina sobre la que escriben, se venden como pan caliente. Esta situación se da igualmente entre periodistas culturales, quienes ven que sus artículos reflexionados, con horas de lectura a cuestas, son ignorados ante un párrafo mal escrito sobre el último chisme de Hollywood, que no es más que un refrito de alguna revista gringa.

No vamos a negar la realidad de que hay textos y temas mucho más populares que otros. Pero el punto es que sí existe el público para la ficción literaria, el periodismo cultural, las investigaciones serias y los libros académicos. Haría falta abrirse a esos lectores y facilitarles el acceso a esos libros, ignorados con frecuencia en los medios comerciales.

3. Mi género no está de moda / Mi género está saturado

Entre los géneros saturados, con un exceso de publicaciones, suelen mencionarse los siguientes: fantasía, thriller, romántica, autoayuda. Los que “no están de moda” o se consideran menos comerciales: poesía, teatro, terror, ciencia ficción, novela gráfica. Este mito se mueve en un círculo vicioso: quienes escriben lo que supuestamente está de moda se quejan de que no venden o no consiguen oportunidades porque los autores superventas del género les han quitado terreno. Ya hay demasiados magos, vampiros, conspiraciones internacionales, amores apasionados, métodos para tener éxito y volverse millonario en cinco minutos. Por otra parte, supuestamente nadie quiere leer poesía, una obra de teatro o algo de cualquier tema que no esté en boga, debido a lo cual las editoriales no apuestan por esos libros y, si llegan a publicarse, no se venden. A veces, he oído que los escritores califican al mismo género de saturado o pasado de moda; por ejemplo, el histórico, erótico y juvenil.

Para todo hay gustos y todos los géneros tienen sus adeptos. Amazon lo pone fácil para lectores y escritores, ya que su catálogo distingue entre muchas categorías y subcategorías, y permite agrupar los libros de nichos restringidos en listas no muy pobladas donde puedan destacar. Mientras tanto, los géneros de mucha producción cuentan con montones de fans (fácilmente ubicables en foros y grupos de Facebook), clubs de lectura y blogs especializados que anuncian y reseñan novedades.

4. No logro publicar / vender gracias a la crisis

Esto se escucha mucho entre quienes viven en España o buscan ser publicados por editoriales españolas (aunque en Latinoamérica también se dice que los problemas económicos o políticos hacen que la lectura quede en el último nivel de prioridad, con todas las consecuencias asociadas). Muchos autores que han buscado editorial o agente en los últimos años han recibido una valoración positiva de su obra, acompañada de un rechazo gracias a la crisis o la situación económica que le impide a la edtorial publicar todo lo que quisiera. Aunque esto nos consuela momentáneamente, el punto es que sí hay gente que está siendo publicada y sí hay gente que está vendiendo. Algunos preferirán guardar sus manuscritos hasta que la crisis pase y la bonanza llegue (cuestión sine díe), pero quienes estén cansados de esperar tendrán que plantearse otras alternativas. Lo mismo se aplica para quienes han publicado con una editorial y ven que el libro no se está vendiendo.

5. Apenas consiga agente o editorial, mi carrera literaria despegará

Por supuesto, tales escritores tienen en mente una gran editorial o uno de los agentes cuyos representados son publicados por las grandes editoriales. Yo misma creí en este mito por mucho tiempo, pero la experiencia ajena me convenció de lo contrario. Tengo amistades que han publicado sus primeros libros en editoriales de prestigio y no han tenido suerte con los siguientes manuscritos, que han sido representados por agentes y estos no les han conseguido contratos editoriales. Está el caso de Montse de Paz (cuyo blog sigo desde hace tiempo), a quien, después de haber publicado tres novelas (dos de ellas con Espasa), le han rescindido el contrato de representación porque no era “rentable” para su agencia. En pocas palabras, tener agente o editorial no es garantía de éxito; por eso, sugiero en otro de mis artículos aprovechar la buena racha mientras dure.

mosaico

6. Si me autopublico, estoy “quemado” para las editoriales

Este mito suele surgir de situaciones como esta: el escritor tiene uno o más manuscritos, los ha pulido hasta la saciedad, los ha enviado a montones de agentes y editoriales, cada vez ha mejorado sus sinopsis y cartas de presentación… sin éxito. Sabe que ha llegado a una encrucijada, se está tomando en serio lo de la crisis, el género saturado o poco comercial, no consigue al agente o la editorial que hará que su carrera despegue y comienza a ver que la autopublicación es la única puerta que no ha tocado. Entonces, piensa: “Si me autopublico, estoy quemado para las editoriales y yo quiero ser publicado por una editorial; mejor no hago nada”.

Varios casos han demostrado que autopublicarse (sobre todo digitalmente) no cierra la puerta de la publicación tradicional. Apartando los míticos ejemplos de Amanda Hocking y John Locke, que vendieron más de un millón de eBooks autopublicados en Amazon antes de firmar contratos jugosos con grandes editoriales, tenemos a los autores que fueron fichados por Ediciones B, después de tener éxito por su cuenta: Blanca Miosi, Armando Rodera, Fernando Trujillo, César García Muñoz y Bruno Nievas. La publicación de El hombre de Grafeneck, de Félix Jaime Cortés por Ediciones Tagus (sello perteneciente al Grupo Planeta) y La saga de los longevos, de Eva García Sáenz por La esfera de los libros se dio en circunstancias similares, y estos no son los únicos escritores hispanohablantes que han dado el salto en este sentido. Más bien está despuntando una tendencia a que el autor demuestre en la arena electrónica que su libro tiene potencial de ventas, antes de ser considerado por las editoriales.

7. Casi nadie está leyendo libros electrónicos

libro deteriorado

Estoy segura de que usted no quiere tocar (ni mucho menos oler) a este quinceañero deteriorado

Más de una vez he oído que el libro electrónico es “la revolución que no llega”, que ninguna historia de calentamiento global, deforestación, deterioro de la celulosa, costes económicos, ahorro de espacio, facilidad de distribución y precios bajos hará que el libro electrónico destrone al de papel. Hay quienes dicen que nada supera ese olor, esa textura del libro tradicional; otros aducen que les cansa leer en una pantalla, aunque nunca han probado hacerlo con un lector de tinta electrónica o una tableta con brillo y contraste variables.

La realidad es que Amazon vende cada vez más dispositivos Kindle y hay muchos lectores electrónicos en el mercado, como el Tagus de Casa del Libro y el Nook de Barnes & Noble, además de las aplicaciones de lectura en iPads y otras tabletas. Más impresionante aún es el volumen de ventas diario de los autores que figuran en los puestos más altos de las listas de Amazon. De acuerdo con el libro de David Gaughran, Let’s Get Visible, quienes se mantienen en los primeros puestos de Amazon.com están vendiendo más de mil descargas por día, información que yo ya había leído en otras fuentes. Probablemente, estas cifras sean más bajas en las tiendas europeas de Amazon, pero demuestran que sí hay una gran demanda de libros electrónicos.

 

Los escritores suelen creerse estos mitos cuando la adversidad ataca porque es duro aceptar que no les vaya bien o no estén alcanzando sus objetivos, sobre todo si se han esforzado mucho y han tomado decisiones dificiles en el camino. Sin embargo, convencernos de que estos siete mitos son realidad nos impide actuar al respecto (¿qué puedo hacer yo, simple rara avis, si “la gente” no lee?, por ejemplo) y nos hace caer en un ciclo de autoconmiseración del que no va a salir nada positivo. Antes de comenzar con la letanía, pongámonos a pensar qué hacer para solucionar el problema de publicación o venta que nos atormenta y para encontrar a las personas que sí van a leer y valorar lo que escribimos.

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