Acabamos de ponerle el punto final a nuestros libros y se nos viene encima el proceso de publicación, que se siente como comenzar a escalar una montaña después de haber llegado a la cima de otra. Mi serie “Cuánto cuesta publicar un libro gratis” trata las dificultades, los costes escondidos y los gastos adicionales en torno a la publicación en diversas plataformas. No quiere decir que abogo por una inversión de cero (aunque sea posible). Para sacar a la luz un libro de calidad, vamos a necesitar muchos conocimientos, habilidades y herramientas, que difícilmente puede reunir una sola persona. Por eso, aquí paso a desglosar en qué servicios, trámites y circunstancias vale la pena gastar:

1. Registro de la propiedad intelectual

En España, el trámite es tan barato y sencillo que no tiene ningún sentido saltárselo. En Latinoamérica, puede implicar viajes (para quien viva en provincia), tasas elevadas o más de una complicación. Al solicitar la inscripción de nuestra obra en el Registro de la Propiedad Intelectual, no vamos a prevenir el plagio ni la piratería. Aquí estamos hablando de seguridad y de tener algo en la mano para probar nuestra autoría en caso de que alguien se robe nuestra creación. Sin duda alguna, vale la pena realizar este trámite.

Si no resulta fácil acceder a este registro en nuestro lugar de residencia, está la opción de Safe Creative, pero cabe destacar que en las cuentas básicas (gratuitas) los registros se archivan después de un año. Para seguir contando con los servicios de información y gestión, hay que abrir una cuenta profesional (de pago). Detallada información sobre los diferentes sistemas de registro se puede hallar en esta entrada de Mariana Eguaras.

2. Informes de lectura

Nadie debería publicar sin haberle dado antes a leer su manuscrito a otra persona. Un lector no involucrado en el proceso de creación de un libro (el llamado lector beta) nos puede aportar una visión que no tenemos como autores y ofrecernos sugerencias de mejora. ¿Pero qué pasa si no contamos con lectores especializados o de confianza en nuestro círculo, o todos nos dicen que nuestra obra es maravillosa porque nos quieren? La opinión de una tercera persona, que sepa de literatura (o del tema que trata el libro) y no esté vinculada afectivamente con nosotros, vale la pena. Para obtener dicha opinión, será necesario pagar por un informe de lectura.

Distintos escritores o profesionales del mundo editorial ofrecen este servicio. Si sabemos quién escribirá el informe, de qué va a constar, cuál será su extensión y qué tipo de análisis se va a realizar, puede ser una manera de hacernos reflexionar sobre nuestro manuscrito y detectar aspectos que podamos pulir antes de llevar a cabo otros pasos de publicación.

Una buena alternativa son los talleres de escritura, más costosos que pedir un informe, pero más productivos a largo plazo. Podemos matricularnos en un taller de relato, poesía o novela, someter nuestro trabajo al escrutinio del profesor, aprender sobre técnicas literarias, corregir sobre la marcha y beneficiarnos de la dinámica de pertenecer a un grupo con intereses comunes.

Peligroso, en cambio, es el caso de las editoriales y agencias literarias que exigen el pago de un informe de lectura antes de considerar la edición o la representación de un manuscrito. Sin entrar a valorar el aspecto ético de esta práctica, el autor que decide pagar por esto suele tener la expectativa de ser aceptado y lo ve como una especie de peaje o cuota de admisión, algo muy distinto al interés por buscar una opinión externa o una forma de mejorar el texto.

Además, me pregunto: si un autor paga por un informe de este tipo y se rechaza su edición/representación, ¿qué va a hacer después? ¿Corregir el manuscrito y volver a pagar lo mismo para ser considerado de nuevo? ¿Buscar otras agencias o editoriales y desembolsar lo que corresponda? Esto podría convertirse en un barril sin fondo.

3. Corrección ortotipográfica y estilística

Este es un servicio que muchos deciden saltarse, ya que una buena corrección profesional es costosa. Pedírsela como favor a alguien es demasiado porque una lectura cuidadosa con corrección de errores toma horas y quien carezca de la preparación lingüística puede pasar por alto fallas del texto.

Como persona que ha realizado varias veces ese servicio, noto que la gran mayoría de los autores comete varias veces unos pocos tipos de error: la coma que separa el sujeto del verbo, mal uso de los signos de puntuación, el gerundio de posterioridad, las tildes diacríticas, mayúsculas y minúsculas inadecuadas. Uno como corrector hace trabajo de hormiguita cambiando comas, puntos, mayúsculas y tildes cuando mucho podría haberse evitado si el autor tuviera conciencia del error. A largo plazo, vale la pena invertir en talleres o manuales de ortografía y redacción.

Si un autor sabe que la ortografía y la gramática no son su fuerte, debería someter su manuscrito a un corrector profesional y luego fijarse en los aspectos que se cambiaron. Si no está seguro y sospecha que lo necesita, probablemente sea así. Definitivamente se trata de una buena inversión.

Sacar a la luz un libro con errores ortográficos, además de causar mala impresión, contribuye a dañar el idioma. Sin ánimos de ponerme dogmática, insisto en que leer tantas veces las faltas crea un mal hábito visual y llega un momento en que uno ya no sabe distinguir lo correcto de lo incorrecto.

Hay quienes dicen que este trabajo siempre se debe delegar, aunque el autor sea académico o filólogo, debido a la ceguera que surge al haber leído varias veces nuestro propio texto. En este punto, no sostengo una posición tan radical (en parte, porque soy licenciada en Letras). Considero que varias lecturas sucesivas, en distintos formatos y con disposición de aclarar dudas o incluso de confirmar el conocimiento propio (con la Ortografía de la lengua española y otros diccionarios a mano) soluciona mucho. Apenas quedaría alguna errata porque somos humanos, no el mismo error repartido por páginas y páginas.

Ahora bien, muchos problemas van más allá de lo ortotipográfico y, aunque se realice este nivel de corrección, el texto sigue quedando mal. Quienes quieran publicar libros de no ficción podrían necesitar, además, un corrector de estilo. En ficción, cualquiera podría beneficiarse de un editing o trabajo de tipo estructural. Para aprender más sobre estos tipos de corrección, recomiendo leer esta entrada de Néstor Belda. Como examen de conciencia para narradores, resulta imprescindible consultar los 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, de Gabriella Campbell.

4. Diseño de portada

Sí, sí y sí vale la pena. Como se afirma en el Manual de autopublicación, de Autorquía, la portada es la cara de un libro. Una portada no profesional se nota a leguas y genera dudas acerca de la calidad del contenido. Dado que la portada constituye también una herramienta de marketing, puede alejar a lectores potenciales, que rechazarán nuestro libro por su “mala cara” sin molestarse en averiguar más.

A menos que uno mismo sea diseñador gráfico o esté ofreciendo un libro permanentemente gratis, en este servicio hace falta invertir. Hay muchas categorías de precio dentro del diseño profesional de portadas, así que cabe en cualquier presupuesto.

Mucho se ha escrito sobre las características que debe tener una buena portada, pero, con tal de que se advierta una mano que sabe de diseño, ya se tiene un gran camino recorrido. Para visualizar qué funciona o no, pueden revisarse los e-Book Cover Design Awards, de The Book Designer, donde mensualmente se comentan “las caras” de diversos libros.

5. ISBN

En este blog, le he dedicado dos artículos al tema del ISBN, que genera muchas dudas. Actualmente, no estoy aconsejando a los autores independientes solicitar este código. La mayoría de las plataformas de publicación digital no lo exige y hasta ahora no le he visto la ventaja en un libro electrónico. Las publicaciones impresas sí necesitan ISBN para que puedan distribuirse en tiendas y librerías, pero proveedores de impresión bajo demanda como CreateSpace y Lulu dan números gratuitos (que los registran como editores). Tampoco le veo problema a este hecho, ya que igual se sabe que el libro no está a cargo de una editorial tradicional y un código no da más visibilidad ni prestigio. Más vale invertir lo que cuesta el ISBN en otra de las áreas mencionadas en esta entrada.

Los casos en los que sí recomendaría pagar por un ISBN son los siguientes:

  • cuando el autor tiene su propia empresa o casa editorial (para reforzar su imagen de marca);
  • cuando se le encarga la publicación a una imprenta tradicional (si no ofrece ese servicio);
  • cuando se planea sacar exactamente la misma edición por medio de imprentas o servicios de impresión bajo demanda distintos (aquí, varios códigos de ISBN confundirían a los interesados en pedir el libro).

Lo que en ningún caso recomiendo es pagar (por lo general, una tarifa más baja que la del ISBN en la agencia local) a una empresa que, aparte del código, no aporta nada a la edición, porque su nombre es el que va a aparecer y no tenemos control sobre ese ISBN.

6. Maquetación

Evidentemente, estoy parcializada en este punto, dado que yo ofrezco ese servicio. El hecho de que la mayoría de las plataformas de publicación digital acepten documentos de Word tanto para libros electrónicos como impresos puede sugerir que este aspecto no es importante o no se necesita mayor pericia para ello. Nada más lejos de la realidad. La buena maquetación es imperceptible al lector y le permite entregarse de lleno al libro. Si comparamos la portada con la cara, entonces la maquetación sería el cuerpo: estético, armonioso, proporcionado, que refleje la belleza interior del texto.

La mala maquetación se asemeja a una carretera con baches y pobremente señalizada, donde párrafos cortados, mal alineados y sin ajuste a un tipo nos confunden y nos distraen. No sabemos bien por dónde vamos gracias a un mal manejo de los títulos y la estructura; tampoco podemos tomar un retorno porque no hay índice. Todo esto convierte la lectura en un viaje poco agradable.

El campo de la maquetación involucra conocimiento técnico, atención a los detalles, conciencia de diseño, respeto a una tradición cultural en torno a la edición de libros. No se puede esperar que un autor disponga de todo ese bagaje ni que lo aprenda para publicar. El carácter diletante se nota bastante en la maquetación impresa gracias a la falta de manejo de sus principios. La maquetación electrónica, por su parte, implica estar al tanto de las limitaciones y capacidades de los dispositivos y aplicaciones de lectura, conocer los requisitos de las plataformas de publicación y trabajar en torno a ellas.

En medio de todo, pienso que un autor con un libro de solo texto o con pocas imágenes puede sacar un buen eBook desde Word. Pero, cuando se pretende incluir pasajes en árabe, más de cincuenta imágenes, fuentes incrustadas y ecuaciones matemáticas avanzadas, allí hay que pasar a la maquetación profesional. Sí vale la pena, para que el libro luzca el mejor cuerpo posible.

7. Agregadores

Estas empresas fungen de intermediarias en el proceso de publicación y distribuyen el libro a determinadas plataformas. Básicamente, se ubican en dos modelos de negocio: el acceso gratuito con retención de un porcentaje de las regalías (como Smashwords) o el pago por adelantado. Este último puede incluir la entrega del 100 % de las regalías o no. Suele haber cargos anuales por mantenimiento de los títulos. Muchos agregadores son proveedores de servicios editoriales (sobre todo, maquetación y diseño de portada).

Confieso que no soy gran partidaria de los intermediarios. El acceso directo a las plataformas otorga mayor control, más flexibilidad, más regalías y mayor frecuencia de pagos. En mi opinión, vale la pena acudir a un agregador cuando el autor quiere acceder a una determinada plataforma y, por su localización geográfica, limitaciones técnicas u otras restricciones, se le imposibilita la vía directa. Por ejemplo, cuando los usuarios de Windows quieren publicar en la Apple iBooks Store o alguien desea afiliarse a Google Play.

Algunos acuden a los agregadores porque se sienten aturdidos ante la gran cantidad de pasos de publicación de Amazon y otras plataformas. Sin embargo, en mis experimentos con agregadores no he visto que sus procedimientos difieran mucho de los de las grandes tiendas, no ayudan con los quebraderos de cabeza en torno a las palabras clave, los metadatos, la información fiscal y bancaria, ni tampoco asesoran a quienes tienen problemas de formato (menos si ofrecen maquetación).

8. Soportes de publicación electrónica

Aunque los eBooks suelen distribuirse de manera digital, se pueden emplear CD o memorias USB personalizadas para vender un libro electrónico en persona. Así, es posible dar regalos espontáneos, cobrar en efectivo y contar con un objeto físico para una firma o presentación.

De estos “puentes” con el mundo digital, los más interesantes son las tarjetas Seebook. Constan de un código que se puede escanear o teclear, y permiten la descarga del libro en el dispositivo preferido del usuario. En la variedad para autores independientes, se pueden comprar 250 tarjetas por 299 euros, un precio unitario muy bajo. Se trata de algo original, por lo que no muchos están apostando. Si el uso de las tarjetas va integrado en una estrategia de promoción (como la que aplicó Melanie Rostock en su book tour), sí me parece que vale la pena.

9. Impresión de ejemplares

Este apartado engloba varios aspectos. Por una parte, cabe preguntarse si vale la pena autopublicarse en papel, cuestión que ya he analizado en otra entrada. Si decidimos que sí, la siguiente pregunta sería si optamos por la impresión bajo demanda o por la tradicional. La primera, como la ofrecida por CreateSpace y Lulu, puede llevarse a cabo totalmente gratis. No obstante, insisto en que todo autor pida su ejemplar de prueba, aunque le parezca que su documento original está perfecto o haya encargado una maquetación profesional. Solo así puede dar fe de la calidad del libro antes de que este se ofrezca al público.

Después de la publicación, es lógico que los autores deseen contar con algunos ejemplares para regalar, colocarlos en librerías u ofrecerlos en presentaciones. Es aquí donde la impresión bajo demanda puede volverse poco rentable. Por ejemplo, los libros de CreateSpace son fabricados en los EE. UU., hay que pagar gastos de envío, la variante más económica puede tardar más de un mes en llegar a Europa y, dependiendo del número que hayamos encargado, podrían tocarnos impuestos de aduana también. Dado que este envío tiene un costo nada despreciable, lo ideal es que los interesados compren el libro en Amazon o que el autor calcule muy bien cuántos necesita y a qué precio ponerlos en venta.

Si el autor quiere disponer de muchos ejemplares y distribuirlos por su cuenta, le puede convenir más acudir a una imprenta, encargar una tirada y, de paso, beneficiarse quizás de una mayor variedad en cuanto a encuadernación y tipos de papel. Para quienes están comenzando, no recomiendo las grandes tiradas, a partir de mil ejemplares, por mucho que el precio unitario baje, porque puede resultar muy difícil vender una cantidad tan grande de libros y la inversión inicial es elevada.

10. Blog de escritor

Hoy en día es inconcebible darse a conocer como autor sin un blog. Aunque este no vaya a constituir el centro de nuestra estrategia de ventas, sí es conveniente contar con una “casa” en Internet, donde el autor pueda al menos presentarse, permitir que otros lo contacten, ofrecer un listado de sus libros e indicar dónde se pueden adquirir.

Hay muchos tipos de blogs que pueden funcionar y existe la posibilidad de crearse alguno gratuito en Blogger, WordPress.com, Joomla! o Tumblr. Muchos autores tienen blogs que han gozado de gran popularidad en estas plataformas.  Sobre el debate Blogger versus WordPress, recomiendo consultar las diversas opiniones en esta entrada de Cris Mandarica.

Los gastos básicos para un blog de escritor son el dominio propio, el alojamiento compartido y la plantilla premium (si se trabaja con WordPress.org). En mi opinión, sí valen la pena porque contribuyen a transmitir una apariencia profesional y dan más opciones de personalización. Si se monetiza el blog de otras formas, aparte de la venta de libros, esta inversión se puede cubrir en poco tiempo.

Con los plugins de pago hay que mantener la cabeza fría y no dejarse enamorar por el nuevo complemento premium que va a triplicar tus ventas en una semana, el muro definitivo infiltrable por los hackers o la barra que permite compartir por mil redes sociales a la vez que favorece la integración con Google Analytics y MailChimp. Aunque hay muchas opciones interesantes, no todas valen la pena, nada sustituye al buen contenido y con estos gastos extra se nos reduce el presupuesto para ámbitos más decisivos.

En la segunda parte, trataré fundamentalmente los aspectos posteriores a la publicación, en especial lo relacionado con el marketing.

¿Quieres compartir tu experiencia con gastos que valen la pena o te han causado penas? Te espero en los comentarios.