“Creo que el pasado no debería ser un entretenimiento, sino un laboratorio para entender el presente” (Andrés Neuman: El viajero del siglo [1]).

El martes 22 de mayo de 2012 el crítico, editor y académico Fernando Valls inició la sesión del día en el Grand Séminaire de Neuchâtel con su conferencia titulada “La manivela de los sueños o El viajero del siglo”, en la que ponderó la gran elección que fue Andrés Neuman (uno de sus escritores preferidos) para culminar este ciclo de coloquios organizados por la profesora Irene Andres-Suárez.

La profesora Irene Andres-Suárez presenta a Fernando Valls

Fernando Valls considera que El viajero del siglo, de Andrés Neuman, es una de las novelas más importantes de las últimas décadas. Él la ha leído de manera trabajosa en el buen sentido. La novela, en la que permanentemente se oye la voz de su autor, se vuelve inacabable, ya que permite aprender mucho y saltar a otras lecturas que profundicen los temas abordados por Neuman [2].

Dicha novela se desarrolla en la imaginaria ciudad de Wandernburgo, un enclave católico en la Prusia protestante, en 1827. Según Valls, este año, que no se menciona,  se deduce por los hechos. Se trata de la Europa de la Restauración y de la Santa Alianza, en muchos aspectos semejante a la Europa de hoy por ser una etapa de cambio, cuestionamientos y construcción de algo nuevo.

El viajero del siglo se inicia con la llegada de Hans, el protagonista, a Wanderburgo, en un comienzo que Fernando Valls compara con Drácula, de Bram Stoker, y se construye a través de los lazos de amor que unen a los sedentarios y los viajeros. Es una novela realista con elementos fantásticos.

Fernando Valls desglosa las novelas dentro de “El viajero del siglo”

Aunque la novela transcurre en el pasado, no es histórica. Decir esto sería reducirla y confundir al lector. Para Andrés Neuman, el pasado constituye una excusa para hablar del presente, que suena todo el rato, por ejemplo, en las reflexiones y discusiones sobre la identidad nacional y trasnacional, los derechos de los trabajadores y la condición de la mujer. El personaje de Sophie es más una mujer del siglo XXI (o del XXII, acota Valls) que del XIX y está más cerca del presente que todos los demás, algo que a Fernando Valls le cuesta creer en una mujer de esa época.

Si le encuentra un pero a la novela, Andrés Neuman le da una explicación razonable, nos cuenta Valls. En determinado momento, mencionó aspectos de Sophie que no le parecían muy convincentes, pero de inmediato Andrés Neuman, sentado en la última fila del auditorio junto a Ángel Esteban, le dio su justificación, de un modo tan natural que parecía que estuviera hablando de alguien a quien conociera muy bien más que del personaje de una novela. Fernando Valls comentó que Andrés Neuman lo da todo hecho y le quita mucho trabajo al investigador, por lo cual es difícil estudiar su obra.

Ángel Esteban y Andrés Neuman escuchan la conferencia de Fernando Valls

El viajero del siglo incluye una novela policial. También se podría leer como una novela de amor y amistad, esta última marcada por un personaje que Valls considera novedoso y distinto: el organillero. De hecho, el título que Valls le otorga a la conferencia y un video de YouTube que se mantuvo en espera hasta el final (una interpretación de El organillero o Der Leiermann, de Schubert) tienen que ver con este personaje.

El viajero del siglo tampoco es una novela de pensamiento, como han dicho algunos críticos de modo reduccionista, menos aún posmoderna (aunque contenga elementos posmodernos). Para Fernando Valls, El viajero del siglo es una novela total por su ambición. Dicha novela está armada por medio de contrastes: el salón de Sophie y el del organillero (ambos con sus peculiaridades y asistentes habituales), la ciudad errante que nadie abandona, Sophie enamorada de Hans y comprometida con Rudy. Todos esos contrastes le insuflan a la novela una gran profundidad y complejidad. El viajero del siglo es una novela clásica en el mejor sentido, ya que Neuman aprovecha su conocimiento de la tradición literaria y la pone a su servicio.

Para el momento de la conferencia, yo no había terminado de leer la novela, y, ¡ay!, Fernando Valls nos reveló el final. Nos dijo quién se moría, quién traicionaba a quién y el destino de la historia de amor. Supongo que era un riesgo inevitable. De todos modos, al tomar en cuenta la tradición literaria en que está inscrita la novela, el final no era muy difícil de predecir. Sin intenciones de revelar demasiado, repito únicamente que Hans abandona Wandernburgo con algo de lo que él carecía: un pasado que recordar.

Por último, Fernando Valls señaló que Andrés Neuman es uno de los escritores jóvenes más ambiciosos de España y América, quizás el Mario Vargas Llosa del siglo XXI (lo que provocó en el escritor la turbación que ya habíamos visto durante la conferencia de Francisca Noguerol), y nos dejó con el video que se anunciaba proyectado desde el inicio, una interpretación de Der Leiermann (El organillero), de Schubert, por parte del pianista Daniel Barenboim y el barítono Thomas Quasthoff [3].

Ya después de la conferencia, me tocó, como siempre, retirarme al estilo de Cenicienta, quedándome con la visión fragmentada del Coloquio, el final anunciado de El viajero del siglo, que condicionó el resto de mi lectura, y la continuación de un día lleno de viajes entre Neuchâtel, Zúrich y Berna, y Wandernburgo también en mi cabeza.

Parte de la dedicatoria que escribió Andrés Neuman en mi ejemplar de “El viajero del siglo”

 

Más sobre el Coloquio Internacional Andrés Neuman:

En su blog La nave de los locos, Fernando Valls comenta el evento y publica las fotos de todo lo que me perdí mientras seguía de viaje por Suiza.

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[1] Andrés Neuman (2009): El viajero del siglo. Madrid: Alfaguara, p. 173.

[2] Para mí, la lectura de El viajero del siglo también fue lenta y trabajosa. Por un lado quise disfrutarla, ya que últimamente he leído unos cuantos libros de un tirón, pero al mismo tiempo la novela tiene un ritmo que obliga a detenerse. Después de haber escuchado a Neuman en Neuchâtel, sí me pareció sentir su voz dentro del texto y le veo mucha relación con lo que él dijo sobre la identidad de mano.

[3] Fue una excelente asociación, ya que El organillero constituye la última canción del Viaje de invierno (Winterreise), de Franz Schubert.